– inyecciones literarias –

Imágen de Mitos Del Futuro Proximo

Mitos del futuro próximo, de J.G. Ballard

Me fascina encontrarme con un autor que se obsesiona. Cuando además el objeto de la obsesión son elementos puramente cotidianos que nos acompañan con aparente pasividad, me fascina todavía más. Ballard los rescata de ese plano lejano (de puro próximo), los saca de la realidad de los días y los eleva al plano de lo mágico, de la obsesión perseguida.
Un día soñé con una piscina vacía, desperté y creé mi propia metáfora de aquel sueño. Tenía una infinidad de significados aquello de lanzarse a una piscina vacía, me lo creía, me gustaba, me obsesioné.
Leyendo este libro descubro que las piscinas vacías son otra de las obsesiones de Ballard. Para él son una especie de motor eugenésico para la creación de otros “yos” cohabitantes de otros espacio-tiempos; una posibilidad abierta en forma de puerta a otras dimensiones (creo recordar que Rodrigo Fresán también mencionaba algo sobre el terrorismo multidimensional de las piscinas, brillante…)
A él o al protagonista les fascina Magritte (otra obsesión que comparto), los surrealistas y la manera en la que piensan el espacio y el tiempo.
Y esa mención a la Persistencia de la Memoria de Dalí, para describir otro de sus paisajes fuera del tiempo, como se desvanecen esos relojes, es la imagen del libro, sin dudarlo.
La inspiración sexual es una constante. Los coches y la velocidad, los astronautas y ese ansiado acceso a otra dimensión, la enfermedad de las ausencias temporales, el cuento alternativo de la cenicienta, todos ellos vías de escape a un mundo sin tiempo, donde no sirve de nada tener un reloj.
La clínica para la cura de los ausentes, el bosque verde en contraste con las luces de neón, todos los moteles y toda la gracia apocalíptica con la que describe cada uno de estos parajes. Incluso el final, la familia que vive la felicidad teledirigida como una unidad de cuidados intensivos.
Todos estos relatos ofrecen una visión inteligente de los futuros mundos que nos esperan, de los que seremos conscientes y de los que pasarán a nuestro lado sin apenas apreciarlos, como un letrero de neón viejo al que ya no le queda ninguna luz por ofrecer.

– Luka – (siguen las curas en forma de libros...)

1 comentario:

Lobo. dijo...

Somos hijos del pasado y al futuro poco le importamos. Es un padre ahíto de cerveza y de aspecto babeante que camina en zigzag.

Y silba, ¿podrías creerlo?

Incluso es capaz de entonar canciones mientras deambula despreocupado por plazas y cantones, inconsciente de que hay una prole quen le espera con ansia porque confía en él.

Esperarlo noche tras noche, con los ojos puestos en la vela que se consume... Espera!, presta oído, ¿lo escuchas? Va calle arriba y calle abajo, dando tumbos de puerta en puerta, sin atinar con la nuestra.

No hay mundos futuros, ¡qué ironía!, sólo la falaz esperanza de que fluirán las aguas para colmar la piscina vacía.