Día 6, Rangoli en el Sur de India



Transcribo lento a ordenador. En general el ritmo de clases teóricas y prácticas es exigente e intento estudiar y descansar en los ratos libres.





Paseando por las calles del barrio –el Gokulam (Mysore), es inevitable fijarse en los extraños ríos de tiza que dibujan a la entrada de las casas. Casi todas las casas tienen una verja a al final de una rampita que invita a entrar. Por la mañana bien temprano alguna de las mujeres de la casa, bien la abuela, la madre o la nieta, barren las hojas de por árboles y riegan con agua para dejarlo bien limpio. Cuando se ha secado el agua comienzan a esparcir el polvo de arroz en un ritual encantador que te invita a quedarte, a mirarlas y saber qué es eso que en unas zonas llaman Rangoli, en otras Kolam y en otras Muggu. 


El ritual empieza con la preparación de unos cuantos puntos de polvo de arroz, en alguna de estas tres combinaciones. La soltura con la que reparten los puntos, la distancia perfecta entre unos y otros, la seguridad del trazo imaginarios que los une...





Después, cada una elige un patrón –este es el arte– y los dibujos con líneas continuas representan diferentes formas y dibujos que pueden recordar a los mandalas. Las abuelas enseñan los patrones a las madres y a las nietas y así va pasando la tradición de generación en generación. Observando el ritual me viene a la cabeza Jung, que utilizaba los mandalas y otras figuras geométricas con sus pacientes y aseguraba que la observación de estos dibujos era terapéutica. 




Calles del Gokulam (Mysore, 2016)



Mandala dibujado por una paciente de C. G. Jung


Es un arte efímero y una tradición muy antigua. Son casi siempre patrones simétricos que parten de puntos y líneas, como motivo de bienvenida a la prosperidad y a la energía positiva para el huésped que llega a casa. Esta relacionado con el folklore y la festividad. Sobre el sentido de la tradición, bueno, he escuchado ya varias versiones. Las líneas de polvo de arroz antiguamente servían para que las serpientes no entrasen en casa –me cuenta Shrutie– ya que no se arrastraban por donde el polvo estaba esparcido. Se cree también que el trazo de las líneas continuas evita que entren los malos espíritus dentro de la casa. También sirven para que puedan alimentarse las hormigas y otros insectos. Pero todos coinciden en que el propósito espiritual es dar la bienvenida a las deidades en época festiva.

C. G. Jung también estuvo aquí, en Mysore, visitando a un gurú. Había sido invitado a viajar a la India por el gobierno indo-británico en 1938. Él también creía en la filosofía oriental y sus beneficios. Aunque el Mysore de aquel entonces se parecería poco a esto que yo veo.

Día 2, 3, 4, 5... [30 días en Mysore]

Mysore, la cuna del Ashtanga 



A pesar de llevar sólo 3 días ya hay sonidos que resultan cotidianos. El hombre que pasa con las patatas y los plátanos, el del cilantro, el de los mangos, todos llamando a los vecinos para que bajen a comprar alimentos de su moto-cesta o bici-carro. Lo que me recuerda al afilador que pasaba debajo de casa cuando éramos pequeños. También de vez en cuando pasan vacas y el otro día me asomé a la ventana siguiendo la llamada de unos cencerros y vi pasar una familia de burros paseados por un señor y su familia. Si tomásemos el barrio por sí solo, las construcciones, las casas, salvo algún detalle, podríamos estar en cualquier otro país, podrían ser las casas de algún pueblo maltés, no hay una especial diferencia. 






Esta parte del Gokulam es de familias acomodadas, donde el tener aire acondicionado y ducha caliente no es extraño. Un gran porcentaje de negocios están dedicados al yoga o a la vida saludable –reiki, masajes, herbolarios, restaurantes y bares vegetarianos, productos orgánicos, etc–. Mysore en general y el Gokulam en particular están casi por completo dedicados al Yoga. Aquí, a dos calles de la mía, está la escuela de Sri K Pattabhi Jois, creador del Ashtanga Vinyasa. Es la rama más física del yoga y se ha puesto bastante de moda en occidente. Sus clases, bueno, más bien las de su nieto y las de su hija, acogen diariamente a unas 100 personas que llegan de todo el mundo para practicar esta disciplina.



En cambio, en mi curso de YD RYS 200 Hrs TTC en Yogadharsanam estoy yo sola. Es lo que llaman el “special schedule” de abril (horario especial). El mes de abril aquí en Mysore, y en general en el sur de India, es temporada baja, los colegios han terminado y hay vacaciones hasta junio. Esto me lo cuenta Xavi, un chico que he conocido de Pamplona. Los viajeros en general emprenden la ruta hacia el norte, empieza la temporada en los Himalayas. Así como en el mes de marzo mi escuela acogió al grupo de yogis de manera habitual –unos 10 practicantes–, en abril mantienen el curso pero más personalizado. Comparto clases con Shuttie, una chica india y con Hanch, de Vietnam, ellas están haciendo las 300horas, el segundo nivel del curso para ser instructor. También Xavi, el chico de Pamplona que se queda unos días más después de haber sido certificado a final de marzo. Está bien poder hablar en tu idioma con alguien, me alegro de haberle conocido. 

Mysore es la voz inglesa de Mahishūru en canarés, el idioma oficial del estado de Karnataka. Cuenta la leyenda que la ciudad estaba dominada por un asura un demonio en la mitología hindú, en este caso mitad hombre mitad búfalo– llamado Majishá. Se cree que la diosa Durga salvó a la ciudad derrotando al demonio-búfalo, por lo que es venerada en al menos uno de los templos de la ciudad (más información cuando los visite). Ahora, en todas las casas de Mysore se puede ver colgando de los balcones y ventanas la cabeza de Majishá. Mahisa y ūru sería la morada de Mahisa, de ahí el nombre de la ciudad.






Son las 8:30, ya he tomado la primera clase práctica a las 6:30 y he desayunado. Es prácticamente imposible y, por otro lado tampoco deseable, transcribir todo lo que escribo en el cuaderno de notas. Este blog está enfocado a poder servir de ayuda a los visitantes que vengan a practicar yoga en Mysore. 

Me gusta el barrio, hay muchos perros que alegran las calles, también muchas ardillas, me gusta muchísimo observarlas. El otro día conocí a God, el Golden Retriever que tiene la familia del doctor Subeesh K. No, no visité al doctor por tener un problema, resulta que Subeesh tiene un centro de medicina natural y ayurveda donde dan masajes llamado Swastha. El master de mi escuela me lo había recomendado y como era domingo y tenía el día libre decidí tomar un masaje ayurvédico. Tenía mucha curiosidad. 


La imagen es de 
www.mysorecityinfo.com


Bueno, pues como decía, en el jardín donde esperaba a ser atendida estaba God, el perro. Eran las 8 de la mañana y, además de mucha paz, plantas y olor a recién regado, entre los árboles asomaba un mini santuario dedicado a Ganesha, una de las principales deidades hindús, con cabeza de elefante y cuerpo de humano, arropado por flores y adornos amarillos y naranjas. De verdad creo que God, el perro, me sonrió antes de entrar.  

No tenía ni idea de lo que era un masaje ayurvédico. Entraba con esa ventaja, no saber nada. A partir de ese momento dos chicas jóvenes entraron conmigo a la sala, con luz muy tenue y en una camilla de madera (sí, era dura dura…) asistí a la experiencia de masaje más profesional que he tenido en toda mi vida. Mientras yo me cambiaba ellas dedicaban unas oraciones a Lord Ganesha antes de empezar su trabajo, en voz muy bajita mirando ahora hacia este otro santuario que presidía la habitación.

Tampoco es que me de masajes cada semana, pero el criterio me llega para saber cuándo estoy ante alguien muy profesional. En total 1 hora 45 minutos, a 4 manos y con los mantras sonando. Perfecto. Al final me metieron en una máquina de vapor (me entró la risa), una cámara que se cierra dejando tan sólo fuera mi cabeza, imaginaba cómo se me veía desde fuera y era realmente cómico. De esa manera el aceite que habían utilizado se resbala completamente y se desprende fácil para luego poder secarte con una toalla y no terminar aceitosa o manchando la ropa para volver a casa. El precio, 1.700 indian rupees que, al cambio son como 26 dólares. Es caro para ser Asia, puede ser. Desde luego tras haberlo experimentado me parece un precio más que razonable. Tomé un té, me despedí de God y volví a casa casi en estado de trance. 

No he comentado el vegetarianismo repentino –y desde luego nada premeditado– en el que me veo envuelta. Me explico. Se nos ofrecía la posibilidad de encargar comida y cena a una familia india que nos la traería directamente aquí arriba a la habitación. Mi compañera vietnamita dijo que sí, pero que ella era vegetariana. Yo me vi un poco en un dilema y pensé... "mmm bueno, yo no soy vegeta, pero oye, tampoco les voy a hacer cocinar diferente siendo tan sólo dos personas". Así que me lancé, más por comodidad que por convicción. Aquí están muy acostumbrados a cocinar para yogis, por lo que hacen comidas bastante digestivas y saludables. Como dicen, Be a Roman in Roma... Y, de momento, estoy encantada de ser romana. 

Me voy a permitir tirar un mito por la ventana: Mysore en abril no es tan caluroso como lo pintan. Tras leer blogs la mayoría sobre yogis dando consejos sobre la estancia a otros yogis, advierten del calor insoportable que hace hasta abril. Este mes de abril, no sé si he tenido suerte y está siendo una excepción, pero desde luego refresca por la noche, corre el aire y comparado con el calor de Maldivas esto no es nada. Me cuenta Anupama, una india que he conocido, que Mysore no es caluroso. Al final, tan sólo la información que experimentas por ti mismo es la que cuenta. Por eso, ni hace tanto calor ni hay tanto mosquito. O igual también he tenido suerte en esto de los mosquitos. Que así siga siendo. 

Seguiré transcribiendo algunas cosas, no con la periodicidad diaria deseable para un título de 30 días en Mysore. Esto nunca pretendió ser un diario, sí una ayuda a quien interese esta información y esta experiencia para estudiar Yoga en Mysore.


Día 1... [30 días en Mysore]




7:00 am

Son las 08:10 de la mañana en el aeropuerto de Kadhdhoo (Maldivas, atolón Laamu). No es casualidad que mientras le doy al play del iPod y suena como primera canción del día, “Time” del Dark Side of the Moon, hay un hombre en frente de mí que pasa la hoja en el calendario de la pared. En Maldivas y en otros mucho países hoy es sábado 1 de abril. No viernes. Porque los viernes son sus sábados y los sábados sus domingos, por lo que todas las semanas del calendario empiezan un domingo. El domingo es su lunes. 

Para mí es viernes, dejo atrás tres meses en esta curiosa isla de Gan. Sólo hay algo más bonito que ver las Maldivas buceando y es ver todo el despliegue de atolones e islas cuando te alejas o llegas en el avión. Cuando llegué estaba nublado. Hoy el cielo tiene nubes blancas y pomposas pero no molestan la panorámica. 


Maldivas es el país más bajo el mundo. He leído que casi el 80% de las tierras son islas de coral que tan sólo se elevan 1 metro sobre el nivel del mar.   
Siempre le decía a Diego que era el mar más bonito en el que me había bañado. Bueno, lo cierto es que no es un mar ni un océano, nos bañábamos en el interior del atolón, por tanto era un lago. 



Fuente: https://zco1999.wordpress.com y Wikipedia


Leo una de las teorías de su formación, no la única: cuando la placa índica empezó su desplazamiento tectónico separándose de Madagascar y comenzando a chocar contra el continente eurasiático –movimiento que también formó los Himalayas y la meseta del Tíbet– arrastró en su deriva continental la corteza oceánica sobre un auténtico hot-spot en el que una serie de erupciones volcánicas habría de dar lugar a las casi 2000 islas que ahora forman Maldivas. País por cierto en peligro de desaparecer por el cambio climático, tal vez tan sólo en 100 años.
No tengo ni idea de geología, pero es fácil entender que las erupciones volcánicas cubiertas luego por el océano den lugar a estas islas coralinas. Los corales se agolpan en lo que una vez fue la cresta del volcán y ahora es el atolón. Esto explica también que las laderas volcánicas (ahora profundidad oceánica) caigan hasta los 3000 metros por fuera del atolón.
De lo que no hay duda es de que son un paisaje espectacular. 




Aeropuerto de Male


Lo que me llevo son la gente de Nepal, de Lanka y de India que trabaja en el hotel. Sobre Gan y sus gentes, los locales, las calles, las mezquitas, los local cafe, los niños, los boat crew, se conjuga todo en un mezcla a veces algo caótica, en todo caso siempre amable. 

Faltan perros y sobran cuervos. Hay otros, como este de la foto, que me han conquistado. La fauna maldiva da para otro escrito.


Fuente: 
Wikipedia


Hay siempre algo que hace que el paraíso no sea perfecto. En este caso, el trinomio turismo-hotel-gestión de residuos deja mucho que desear. Me aguarda la duda de si todavía queda alguien que quiera hacer las cosas bien. A ellos les daría todas las licencias. Sé que si me hubiera quedado más tiempo hubiera sido traumático seguir viendo la realidad sin poder hacer nada. Igual no es nada comparado con lo que pasa en otros países –diréis–, o tal vez estoy hablando de más, desde luego la impresión que tengo tras los 3 meses que he pasado allí es que la conciencia ecológica muy arraigada no está. Nosotros estamos, como todo los trabajadores de temporada, destinados a coger el avión de vuelta sin mucho más que hacer.


Fotografía tomada con un drone ayer jueves 31 de marzo: Diego y yo, paddleboarding.



Namaskar

Ahora comienza un mes intenso de preparación para el primer nivel de Instructora de Yoga. Sentada en el airbus A321 de Air India contemplo a la mujer maldiva ya mayor sentada a mi lado que no se corta en eructar 3 veces seguidas –sólo las primeras de la retahíla que tendríamos todo el viaje–.

Aterrizando en Bangalore ya no hay atolones, sino una nube gris industrial que cubre la gran ciudad. El señor de inmigración que chequea mi visado me dice: "debes venir en paz, vienes para un propósito muy noble". Y luego me felicita por ser profesora de español, "un gran idioma y cultura, en expansión y crecimiento".
El taxista de la escuela del que no consigo recordar ni pronunciar su nombre –totalmente ilegible entre tanto claxon– está esperándome con el cartelito de Yogadarshanam.
Cuatro horas de camino separan de Mysore. Para el pobre conductor una paliza, sobre todo teniendo en cuenta que lleva más de dos horas esperando mi llegada –el avión se ha retrasado 1 hora y media–. Para mí, un primer contacto con India bestial. Saliendo del aeropuerto… Estímulos, luces, colores, millones de motos, unas mujeres en sarees de colores brillantes en la puerta de un Decathlon, cruzamos el cinturón de la ciudad, más pitidos, coches, semáforos que nadie respeta, gente cruzando, pasamos a los barrios un poco más deprimidos, mercados, más luces, más colores, templos, elefantes, adornos, más sarees, predomina el amarillo, me recuerda a veces a Bangkok. Pero este caos es más calmo. En una calle de un sólo sentido una vaca descansando tumbada en la acera parece que me sigue con la mirada. Muchos pequeños templos, a ambos lados, poca gente en tejanos, pero alguno hay, otra vaca cruzando la calle. Pienso en Marta, que me avisó de que era otro planeta. Es fascinante, y me quedo con esa imagen, cómo las mujeres visten con esos colores combinados de forma tan elegante, remarcando el perímetro de su ojo con el fuerte lápiz negro que contrasta con el color dorado de sus anillos, pendientes, collares y adornos. No llevan pañuelo. 

El resto del camino se hace de noche y se convierte en el mismo ajetreo pero ahora alumbrado por neones. En un punto la carretera se convierte en autopista que conecta con Mysore. Paramos a que el taxista del que no recuerdo el nombre tome un Chai Tea y continuamos el camino, tan sólo ya a 45 km de Gokulam (Mysore). El último tramo me he debido de quedar dormida y, como si hubiera terminado la función y todo se hubiera apagado, en la zona residencial en la que está la escuela, sólo hay silencio. 

Todo el mundo me había alertado de que tendría el sonido de los coches pitando hasta que me marchase de aquí. Lo cierto es que aquí no se oye nada. Es media noche y me siento muy bien. 

¡Empezamos!








Momo
Love will tear us apart ...


"There are no happy endingsEndings are the saddest part, So just give me a happy middle and a very happy start." — Shel Silverstein 

El día del Español y otras asuntos que celebrar

Con motivo de la celebración del Día del Español promovido desde 2009 por el Instituto Cervantes, me gustaría rendir homenaje no sólo a todos los hablantes de nuestra lengua sino también a todos aquellos que están en el camino de aprenderla... Motivos no les faltan!

El Español crece en la red

El pasado viernes la prensa en castellano se hacía eco de algunos datos estadísticos del idioma español con motivo de la fiesta ideada por el Instituto Cervantes. Algunos medios titulaban: "El español se apodera de internet" o "...el segundo idioma más hablado en Facebook, Twitter y Wikipedia" o "Español: segunda lengua en redes sociales".

Desde que decidí estudiar para convertirme en profesora de español sólo he obtenido gratificaciones. Es una profesión maravillosa que me ha llevado además a explorar otros campos no menos apasionantes como son la gestión de contenidos en una página web, el estudio y gestión del posicionamiento y otras muchas áreas relacionadas en definitiva con la materialización de un proyecto online.

La Isla del Español, el nuevo proyecto

Inspirada en todas las islas que me rodean pero especialmente en la de La invención de morel de Bioy Casares y en La Isla de A. Huxley, he creado esta web para estudiantes de español como lengua extranjera. Mi objetivo principal es dar clases online a través de videoconferencia, bien sea vía Skype or Google Hangout. Creo firmemente que el e-learning es el futuro de la enseñanza, además de ser actualmente muy buen método para aprender idiomas, entre otras cosas.

La web ofrece semanalmente contenidos gramaticales por niveles de manera gratuita. Si además el usuario se suscribe a la web podrá obtener notificaciones de las actualizaciones semanales por correo electrónico.


Reseñas de Tailandia II - La (relativamente) desconocida Koh Phayam

Koh Phayam es una isla situada al oeste del golfo de Tailandia, en la costa alta del mar de Andamán, pegada a Myanmar. Su interior está cubierto por una tupida selva virgen rodeada de playas de arena blanca.

¿Por qué Koh Phayam? 

En Koh Tao ya nos rondaba la idea de hacer un Live Aboard por el mar de Andamán. Queríamos bucear y queríamos visibilidad de la buena, Koh Tao nos había dejado un poco a medias (tal vez la buena temporada no había llegado, pero la verdad que no tuvimos mucha suerte en este sentido). Así que estábamos hambrientos de fondos diáfanos. Un brujo que encontramos por el camino nos recomendó Koh Phayam, por ser una de las pocas islas todavía algo desconocidas de Tailandia. Y no lo pensamos demasiado, la verdad que teníamos ganas de vivir un ambiente menos turístico que el de Koh Tao (las comparaciones son odiosas, pero también inevitables).

Aow Yai

Así que cogimos el ferry nocturno desde Koh Tao a Chumphon (6 horas), durmiendo en una surrealista sala de pasajeros llena de literas a modo refugio, y por la mañana amanecimos en Chumphon. Allí una furgoneta nos llevó hasta Ranong (2 horas), donde cogeríamos un barco hasta Koh Phayam (si tenéis la posibilidad de coger speed boat mejor, nosotros tardamos casi 3 horas en el slow boat). El transfer completo desde Koh Tao a Koh Phayam nos costó 1.050 B por persona. Hacia el mediodía estábamos llegando a Koh Phayam. Desde la aproximación en el barco ya se adivinaba el paraíso. La idea de una isla sin Seven Eleven ni cajero automático era muy seductora (ni siquiera salía en la Lonely Planet del Sudeste Asiático, ¡increíble!). Y allí estábamos.

La llegada

Lo que más me gustó al llegar es que había motos para alquilar. Como éramos 6, dos se quedaron con las mochilas y los demás fuimos de aventura en moto a buscar alojamiento. Esos primeros recorridos en moto nos hicieron confirmar lo que sospechábamos: sí, estábamos en un paraíso. Una vez pasada la calle del puerto todo se vuelve selvático y bonito. Kilómetros de bosque tropical de Casuarinas y Anacardos, poca afluencia turística, poquísimo espacio construido, poco cemento y mucho reggae. ¡Así sí!

A lo largo de los días, frases como... es lo que fue Ibiza hace 40 años o la isla tiene que aceptarte... salieron de la boca de alguno de los locales (o que se habían convertido en locales porque la isla les había aceptado). Risas aparte, indiscutible es que tiene un magnetismo misterioso que atrae y retiene, te invita a quedarte, a no pensar, a estar presente.

Aow Yai aka Long Beach, (foto de Nico)

Si ya en Koh Tao disfrutamos con las motos, aquí era todavía más bonito. Sólo había una carretera (más bien un carril bici ancho cementado) y varios kilómetros de un lado a otro de la isla por explorar. Después de conducir en Phayam tienes la sensación de que en Koh Tao había "mucho tráfico". Esto era otra cosa, tranquilidad, sin coches, sin prisas y con muchos baches. Sin olvidarnos de la "autopista" por la playa, el gran atajo de los locales y de los no tan locales. Cualquiera de las tiendas cerca del puerto te alquilan moto por 200 B el día, esta vez sin necesidad de dejar el pasaporte.

6 horas de electricidad al día

Terminamos alojándonos en Phayam Sports, unos bungalows que quedan justo detrás del resort Bamboo Bungalows, también en Aow Yai (Long Beach). Muy recomendables... pagábamos 450 B por bungalow por noche. Tenían lo justo, por supuesto sin agua caliente, pero estaban muy bien cuidados y la cama era muy buena (gran dato a tener en cuenta, como luego iríamos comprobando en sucesivos bungalows). De 18:00 a 24:00 eran las horas de luz eléctrica. No cuesta demasiado acostumbrarse y acabas apreciando muchas de las cosas que, como ésta, en occidente damos por hechas sin pensarlo.

Home :) 

Sawadee kaa, Kopun kaa...

En Phayam viví mi primera experiencia en una clínica tailandesa. Tenía un fuerte catarro y un Live Aboard en un par de días, mis mocos y mi malestar tenían que desaparecer en menos de 48 horas si pensaba pasar 4 días sin parar de bucear. Entras allí, con tu inglés occidental y tus 3 o 4 expresiones en thai para hacerles ver que te esfuerzas y así resultar más amable... y las ves a ellas, las enfermeras, súper monas con su cofia de colorines y sus braquets, también de colorines, ofreciéndome agua y riéndose todo el rato, no sé si de mí o de qué, pero yo también me reía.

Entramos en una conversación absurda dirigida por gestos repetitivos para indicarles que tenía tos y mocos agarrados al pecho. La conclusión: me dieron dos sobres con pastillas (unas logré entender que eran antiestamínicos y las otras todavía no lo sé) por una ridícula cantidad de dinero, y nos quedamos mirándonos las unas a las otras sin decir nada más... Hasta que, pasados unos cuantos segundos de silencio surrealista, en los que sólo nos mirábamos y nos reíamos, decidí que ya habían terminado conmigo y salí de la clínica con mis pastillas de no-sé-qué, todavía en una nube de alucine. Eso sí, todo con mucho sentido del humor.

No name pills...

La vida es juego

En Phayam descubrimos que para unas vacaciones perfectas sólo hacen falta buenos amigos, un billar, una mesa de ping-pong y un ajedrez. Todo lo demás es secundario. Billar gratis... el gran descubrimiento. No he jugado tanto al billar en mi vida. No había tiempo para el aburrimiento.

Hippy Bar.
Está a la derecha del todo en la playa Aow Khao Kwai. Para llegar el camino en moto se pone cada vez más divertido según vas llegando. (En uno de estos caminos de tierra tuvimos que parar en seco estupefactos ante el paso de un grupo de tucanes... ¡Primera vez que los veo fuera de un documental de La2! :) También monos, muchos monos.

El dueño cuenta que construyeron este bar con los restos del tsunami que llegaban a las costas de Phayam: troncos, objetos de lo más raro colgando de las paredes, todo convertido en estructuras comunicadas e incluso una reconstrucción de la proa de un barco a modo de terraza... Sitio perfecto para tomarte algo relajado mirando la puesta de sol. Y con billar, ¡por supuesto!

Hippy Bar (foto de Marina)

Hippy Bar!


The Veggie Place.
Al lado de la agencia de viajes y enfrente del supermercado encontramos el vegetariano por excelencia. Montado con mucho gusto por una chica inglesa y un tai, tomábamos los desayunos más completos y potentes, todo ello para afrontar el duro día que nos quedaba por delante: pillar olas y jugar al ping-pong son actividades que requieren mucha energía... :)

El pan es home-made! :)

Desayuno completo para dos

The Veggie Place!

Live Aboard: el tiempo se detiene

Koh Phayam es el punto de partida de los viajes de buceo en la costa alta de Andamán. Los centros de buceo ofrecen viajes en el día y viajes de varios días a los parques marinos de las Surin y las Similan, así como a la famosa Richeley Rock.

Fuimos en busca de un centro de buceo para que nos contaran su oferta en live aboards y encontramos Phayam Divers, en Aow Yai, la misma playa que nos alojábamos. Y allí estaba Jorge, un español que trabaja de Dive Master allí y que pronto nos convenció para embarcar con ellos. :)

Phayam Divers
Koh Bon, Koh Tachai, Richelieu Rock


Fue una experiencia inolvidable. Gracias a Jorge por ser uno más de nosotros desde el principio... ¡da gusto conocer gente así! Y gracias también a Daria, la gran instructora macro, por agudizarnos el ojo y enseñarnos las cosas más pequeñas del mundo submarino. El barco casi entero para nosotros solos y con ducha de agua caliente... ¡no lo podíamos creer! :)

El final del Live Aboard también era el final de Phayam... última noche. Al día siguiente partíamos hacia Tonsai (Krabi). El tiempo pasaba rápido y las emociones eran muchas y muy fuertes... :)

Puesta de sol en Koh Phayam (¡gracias por el fotón, Nico!)


Koh Tao - Reseñas de Tailandia

Geográficamente situada al este del golfo de Tailandia, es una isla que pertenece a la península de Surat Thani, siendo la tercera en tamaño de las tres islas pobladas que forman el archipiélago de Samui (Koh Samui, Koh Pha Ngan, Koh Tao).

La historia en sus orígenes es curiosa. A finales del siglo XIX (según calendario occidental), la isla estaba habitada únicamente por pescadores. El rey de Tailandia, Rama V, visitó la isla y dejó sus iniciales marcadas en una roca que todavía puede verse hoy cerca de Sairee beach. Y he aquí lo curioso: a partir de 1933 empezó a ser utilizada como cárcel para presos políticos. Aquel fue pues lugar para traidores del régimen, “detenidos” allí, prisioneros, aislados. Al poco tiempo serían liberados tras obtener el perdón del primer ministro.

Años después, llegó una familia desde Koh Pha Ngan y se establecieron allí, cultivando unas tierras próximas a Sairee. La población a partir de entonces crecería muy lentamente, hasta que en los años 80 (de nuestro calendario), la isla se incluyó en el circuito de destinos para viajeros mochileros en el país y se convertía en uno de los lugares más populares para el buceo.

A finales de los años 90 ya había dejado de ser la isla de pescadores que era y su economía quedaba casi exclusivamente enfocada al turismo de buceo.


Ao Leuk

Llegar a Koh Tao.
Hay dos formas de llegar a la isla, o bien desde mainland: Chumphon o Surat Thani, o bien desde las otras dos islas más grandes: Koh Samui o Ko Pha Ngan. Para llegar a Chumphon, Surat Thani o Koh Samui todas ellas tienen aeropuerto, pero también se puede llegar a Surat Thani o Chumphon en autobús. La red de transportes en Tailandia es muy buena y bastante eficaz. Viajas con los locales y los autobuses no están mal. Nosotros llegamos a Chumphon desde Bangkok con un bus que tardaba 7 horas y dormimos casi todo el viaje. En Chumphon cogimos un ferry hasta Koh Tao. Asusta mucho al llegar ese puerto lleno de barcos, lleno de buceadores y de gente hablando español por todas partes, mochileros acechados por thais gritando “¡taxi, taxi!”, pero ... Cuando consigas pasar el susto de la llegada, toma la calle principal a la derecha y llega hasta el final donde podrás encontrar sitios para alquilar motos. Hay una tienda que se llama RPM que puedo recomendar, pagas 150 B por día. Te pedirán el pasaporte, tampoco te asustes, en Koh Tao lo piden en todos los sitios de alquiler de moto y se lo quedan hasta que devuelves la moto. Sin moto en Koh Tao no eres nadie, así que ve haciéndote a la idea. Yo no había cogido una moto en mi vida y a los 3 días no quería bajarme de ella. Comodísimo, tranquilísimo y muy barato.

Comer en Koh Tao.
El sitio que puedo recomendar es el Bang Bang. Lo regenta la Mamu, una señora tailandesa que se ríe todo el rato y donde cocinan de miedo. Cantidad y calidad a precio muy asequible. ¡Los Mashed Potatoes que hacen allí hay que probarlos! Acabarás llamando “Mamu” a todas las señoras mayores que conoces en Tailandia. El Bang Bang está en la misma calle que RPM, el sitio de alquiler de motos.

Otro sitio que hay que probar está en la misma calle principal que tomas a la derecha cuando sales del puerto. Queda en la acera de la izquierda, es un local pequeñito con un cartel que anuncia “Chicken Sandwich”. Párate y pruébalo, ¡cinco estrellas! También regentado por tailandeses.

Alojamiento.
Sunshine Bungalows, en la playa de Chalok Baan Kao. Llega hasta el Seven Eleven y ahí gira a la derecha. Llega hasta el final del camino y lo encontrarás. Pagábamos 600 B la noche en un bungalow de 3 personas. Barato y con la playa en la puerta. Chalok es el pueblecito del sur de la isla. No os asustéis si os veis rodeados de españoles en esta zona, hay un extraño imán que con su magnetismo hace que todos terminemos allí. Te quedarás porque es muy agradable y está alejado de toda la zona comercial de Sairee y las calles del centro.


Sunshine Bungalows


¿Dónde bucear?
Para hacer snorkel recomiendo Shark Bay (Thian Og Bay). Fue allí donde vimos los tiburones de punta negra, fue breve pero maravilloso. También puedes ver algunas tortugas, en concreto parece que hay una pareja al final de las rocas por la izquierda de la bahía. Yo no tuve tanta suerte.

Thian Og Bay (más conocida como Shark Bay)


Para buceo recreativo e instrucción para los cursos OpenWater y Advanced recomendaría IHASIA:
http://www.ihasiadivingkohtao.com. Están situados en la playa de Chalok Baan Kao, en el resort Laem Klong. También tienen alojamiento. En el bar del centro de buceo debes probar la tortilla de patatas sobre pan con tomate ¡Deliciosa!

IHASIA Diving

Para más información sobre buceo visitar la página Buceo Koh Tao, ellos podrán aconsejarte mejor según lo que busques: http://www.buceokohtao.com

Boulder en Koh Tao.
He aquí el complemento perfecto para el buceo: escalar. En el mismo centro de buceo, IHASIA, podrán alquilarte los crashpads para hacer bloque. Incluso pies de gato y magnesio si no los traes contigo. Bloques altos de granito te esperan en el centro de la isla. Habla con el dueño de IHASIA porque ellos han estado trabajando para hacer una guía de los bloques. Puedes descargarla y te facilitará mucho el acceso a los sectores y el poder encontrar las vías. Sólo necesitas una moto.


Boulders en Koh Tao


Otros sitios recomendados:
El High Bar. Cuidado con la cuesta que sube al bar, es muy empinada y puede ser peligrosa para los poco experimentados con las motos. Un bar de reggae muy bonito y agradable. Evita la hora del mosquito (6 pm).

El John-Suwan mountain viewpoint entre las playas de Chalok Baan Kao y Thian Og Bay, donde se puede tomar la típica foto de las dos bahías que se juntan, tan popular en el sur de Tailandia.

John-Suwan viewpoint

Playa recomendada: Freedom Beach. Es una playita muy pequeña de camino al viewpoint, en un desvío a la derecha. Toda decorada con conchas y corales colgantes de los árboles que llenan la playa. Perfecta para el sunset.

Koh Tao fue lo primero que vi de Tailandia, por lo que no tenía nada con qué compararlo. Me llevo una experiencia muy buena para el fin de año occidental en el Experience Festival, con amigos (en familia), muy divertido. Y me llevo que pude ver la primera tortuga en una de las inmersiones. Uno de mis objetivos cumplido en la primera semana, además Koh Tao significa Isla Tortuga por su forma. Todo cuadró y seguimos nuestro destino felices.

Decoración en el Experience Festival, 31-12-2014