“Aunque el éxtasis nos trae el gozo, la debilidad de nuestra naturaleza al principio nos asusta y necesitamos ser resolutivos y valientes de alma… Ocasionalmente he podido resistirme, pero a coste de un gran agotamiento, por lo que luego me sentiría como si hubiera estado luchando con un gigante poderoso.
Otras veces, la resistencia ha sido imposible: mi alma se ha ido, es más, como una norma mi cabeza tampoco sin mí puede evitarlo; a veces mi cuerpo entero ha estado influido hasta el punto de ser elevado desde el suelo. Parecía que cuando intentaba resistirme una gran fuerza me levantara. Confieso que me metía de lleno un gran miedo, un gran miedo es más al principio: viendo un cuerpo que se eleva de la tierra, aunque el espíritu se detiene (con gran dulzura como sin resistencia), los sentidos no se pierden; al fin era tanto yo como poder ver que estaba siendo elevada… Después el éxtasis se terminó, Tengo que decir que mi cuerpo parecía a menudo flotar, como si todo el peso hubiera ido, tanto que de vez en cuando apenas supe que mis pies tocaban el suelo…”
(palabras de Santa Teresa sobre sus experiencias de levitación)
No hay nada como despertarte un sábado temprano, descubrir que no tienes un buen día y tirarte a las calles de Madrid en busca de cosas que ver o que hacer. Las encuentras, y te encuentras viendo exposiciones como esta, Lágrimas de Eros, -repartida entre el Thyssen y la Fundación CajaMadrid- de la que, por cierto, no he leído muchas críticas positivas. A mí me encantó. Los contrastes me parecen siempre muy elegantes, y si algo resume esta exposición es la sensación que se te queda después de ver un Rubens al lado de una fotografía de Philip-Lorca Di Corcia (o muy cerquita). Te alegra el día de repente encontrarte con algunos de tus cuadros favoritos como Los Amantes de Magritte, o el poder quedarte bastantes minutos delante de el Sueño causado por el vuelo de una abeja en torno a una granada un segundo antes de despertar, de mi querido Dalí (para deleite de los fanáticos del detalle y de los sueños, también):
Y es que es un privilegio poder ver la fotografía de Nan Goldin compartiendo sala con Las Tentaciones de Antonio Saura mientras paseas esquivando pacientemente las esculturas de Rodin. (Está resultando un día maravilloso). ¡Y qué bonito es ver El Vicio de Franz Von Stuck junto a la serpiente enroscada en el cuerpo de Natajjssa Kinski (fotografiada por Richard Avedon)!
Algunas aseveraciones generales: - Me enamoraron (otra vez) las videoinstalaciones de Bill Viola - Al margen de ver obra de algunos de mis pintores y fotógrafos favoritos, de toda la expoción me quedaría con la fotografía de arriba, versión de Ofelia de Gregory Crewdson. - Alucinas (literalmente) al ver una sala llena de pintura clásica presidida por una enorme fotografía de Cindy Sherman (es ella, decapitando) o colándose entre ellos la Balkan Erotic Epic. Banging the Skull, de Marina Abramovic (¡qué grande!) - Me sobra totalmente el video de David Beckam durmiendo... No se merecía un espacio en esta exposición (es mi único pero)
Es una crítica lacerante a la generación del mayo del 68 francés y a las fatídicas consecuencias de su procreación, observadas en las actitudes y desviaciones de las generaciones posteriores. Algo así como la presentación de los hijos desdichados de los hippies de los 60. Todo de la mano de un pulso constante entre la mente solitaria e introvertida de Michel, el biólogo molecular que trabaja en el estudio de la inmortalidad de la raza para que logremos ser creadores algún día de nuestro propio relevo; y Bruno, el adicto al sexo que lee a Nietzsche.
Grande Houellebecq en mi primer contacto con él. Sin embargo hubiera preferido un poco más de física y un poquito menos de sexo explícito. De todas formas, brillante.
El poema al principio del libro resume la intención última del libro que, en realidad, no es otra que la de hablar del hombre como resultado de una evolución:
Hoy vivimos en un reino completamente nuevo, Y la mezcla de circunstancias envuelve nuestros cuerpos, Baña nuestros cuerpos, En un halo de júbilo. Lo que los hombres de antaño presintieron a veces a través de la música, Nosotros lo llevamos a la práctica cada día. Lo que para ellos pertenecía al campo de lo inaccesible y de lo absoluto, Nosotros lo consideramos algo sencillo y conocido. Sin embargo, no despreciamos a esos hombres; Sabemos lo que debemos a sus sueños, Sabemos que no seríamos nada sin la mezcla de dolor y alegría que fue su historia, Sabemos que llevaban nuestra imagen dentro cuando atravesaban el odio y el miedo, cuando chocaban en la oscuridad, Cuando escribían, poco a poco, su historia. Sabemos que no habrían sido, que ni siquiera podrían haber sido, sin guardar en el fondo de su corazón esa esperanza, Ni siquiera podrían haber existido sin su sueño. Ahora que vivimos en la luz, Ahora que vivimos en las cercanías inmediatas de la luz Y que la luz baña nuestros cuerpos, Envuelve nuestros cuerpos, En un halo de júbilo, Ahora que nos hemos establecido en las cercanías inmediatas del río, En tardes inagotables Ahora que la luz en torno a nuestros cuerpos se ha vuelto palpable, Ahora que hemos llegado a nuestro destino Y que hemos dejado atrás el universo de la separación, El universo mental de la separación, Para bañarnos en la alegría inmóvil y fecunda De una nueva ley, Hoy, Por primera vez, Podemos contar el final del antiguo reino.
Cada vez que entras, cambia. Poco tiene que ver con elegir. Poco tiene que ver con nada. Nos han escrito, nos permiten sólo unos poquitos encuentros entre bifurcaciones. Elegimos o creemos que elegimos. Pero, siempre, algo dentro de tí sabía que esto ocurriría. Ilusa, juegas sola. Nadie estará allí al final de la partida. Pasas tus días como parte de una mecánica universal ajena a tí, y te dejas llevar por esa extraña espuma de los días, de la que tienes que formar parte, quieras o no. Mecánica. Te mueves por inercia, intentando no parar el movimiento para no pensar más de la cuenta, porque sabes lo que te pasa cuando piensas más de la cuenta. Ya no tienes ganas de mover más las piezas. Esconde el laberinto y no mires atrás.
“Siempre creí que las puertas deberían estar abiertas. Es por eso que tienen bisagras y perillas. Si ponemos una barrera… alguien la atravesará. Es la naturaleza humana querer saber lo que hay en el otro lado. Y llegamos al inconveniente obvio… Las puertas existen por una razón.” (…) “Es cierto que algunas puertas deben seguir siendo privadas, pero por lo general no te das cuenta hasta que estás en el otro lado. Todos cometemos errores. Esto viene con el territorio. Sin embargo, no es razón para vivir solo en una habitación. Las puertas que decides abrir determinan la forma en que vivimos. Sea ser valiente, estúpido, doloroso, …, Nos definimos por lo que hacemos. Por a dónde vayamos. Y no puedes ir a ninguna parte si no abres la puerta.” (Defying Gravity, Episodio 3)
Creo que he vuelto a psicosomatizar. Primero se enturbia la mente, empieza ese dolor fuerte que ataca directamente el alma y altera todo estado psicológico aparentemente tranquilo. Luego tienes fiebre y estás jodido. Y ya no te apetece verle la cara al mundo ni a nadie. Estas indefenso, solo. Y empiezan los sueños y todo eso que acaba por fatigarte todavía más. En el sueño estás todavía más solo y todavía más triste. Sueñas con un metro y unas paradas de metro que no existen. Sueñas que te joden todavía más de lo que te han jodido en la vida real. El pozo es mucho más profundo. Sacas un té en vaso de plástico de una inventada máquina expendedora de tés y cafés que tú y tu sueño habéis decidido que esté justo antes de bajar las escaleras mecánicas que llevan a la línea uno o línea azul clarito. Te chocas con ellos, pero no son ellos, ni él ni ella, son otros dos que representan simbólicamente a los otros dos, porque ya ni siquiera quieres verles las caras, ¡ni en sueños! Sueñas que no sabes cómo actuar, y te despiertas y lo peor de todo es que sigues sin saber cómo actuar. Desgraciadamente no somos los guionistas de nuestra propia novela y no siempre ganamos (al contrario de lo que diga la letra de Tú en tu casa, nosotros en la hoguera, de Extremoduro).
¿Y si los actuales gobernantes del mundo son realmente los futuros viajeros en el tiempo que visitan el pasado y, sabiendo lo que va a suceder, cambian el rumbo a su antojo? ¿Y si el Tiempo no es más que otro de esos sistemas opacos e incuestionables que nos han impuesto y en realidad es algo tan prefabricado como la invención de la moneda o las grandes mentiras que propagan las grandes religiones?
"En el seno de la espiritualidad oriental o asiática existe la idea de que solamente el ego de un individuo lo ata al mundo tempora, que es donde experimentamos la realidad física y el tiempo. De acuerdo con esta idea, los seres iluminados reconocen esa limitación autoimpuesta y ese apego al mundo inmediato, y pueden elegir liberar sus conciencias y viajar a cualquier lugar o período de la historia. Con la venia del señor H. G. Wells, no hace falta ninguna máquina del tiempo. " (Chuck Palahniuk, RANT)
Esta es una de las grandes críticas poltíco-sociales que esconde el libro. Además sirve de excusa para justificar las hazañas del personaje principal, capaz de burlar todos las ideas preconcebidas que se pueden tener acerca del Tiempo y su aparente discurso lineal. Y hasta aquí puedo leer, porque sino revelaría demasiado.
Hay sobre todo una cosa que me encanta de los libros de Chuck: todo está justificado. Hay muy pocas cosas gratuitas, aunque a veces parece que no termine de arrancar el argumento, siempre hay un porqué. Eso me gusta, incluso aplicado a la vida. A veces parece que no pasa nada, o que todo va lento, o que lo que pasa no tiene efectos inmediatos; pero al final está la recompensa, todo pasa por alguna razón, sólo hay que ser paciente.
Pensaba que la traducción (que deja bastante que desear) y el lento arranque del libro hasta que llega a la parte más interesante, iban a conseguir que me desesperase y temía que el libro no me gustase. ¡Pero la sorpresa del argumento final es tan grafiticante! Buenísimo, Chuck sigue sin decepcionarme.
Si puedes elegir entre vivir en la Tierra o vivir en la Luna elige siempre la Luna. Esto me recuerda a algo que leí una vez en un libro de Murakami, decía así: "Si te encuentras con que debes elegir entre una cosa que tiene forma y otra que no la tiene, elige siempre la que no la tiene". Y esto es valiente. Porque casi siempre preferimos pájaro en mano que ciento volando, y eso no es divertido. (Probablemente el pájaro más divertido esté entre esos cien que vuelan alto y no necesariamente en el que reposa en tu mano como si nada).
Cambia de calle, párate en cada puerta y presta atención a cada persona que te encuentre (seguramente te habrá encontrado por algo); disfruta de la lluvia porque puede que pasen 40 días y 40 noches sin que vuelva a caer una gota; presta atención a tus sueños y no descuides todo eso que deseas; escríbele todo aquéllo que quieras que sepa, ... (etc., etc., etc.)
Me tranquiliza una cosa, y es que, con el paso del tiempo, sólo permanece lo esencial. El resto, probablemente, no importa tanto como creías. Todo cambia, todo muere y todo vuelve a nacer. Y no puedo evitar emocionarme al ver esa primera página que ha compuesto Paco Roca al principio del libro, en la que un ouróboros reposa hábilmente sobre un diálogo extraído de Alicia en el País de las Maravillas.
Y es que, sin querer, me parece que nunca salgo de mi cinta de Möbius. Siempre retorno al punto de partida; y, por las noches, me siguen desvelando todos esos temas que me preocupaban a los 18... Y tampoco es casualidad (¿o sí?) que la imagen del barrio lloviendo con todos esos tejados que suben y bajan me recuerde a la imagen de las escaleras imposibles de Escher...
Al final nos acercamos a lo que somos. Nos echamos de menos y nos buscamos, y queremos reflejarnos en todos esos espejos que encontramos; ya sea leyendo a Lewis Carroll o con el Libro de Arena de Borges; siguiendo el camino eterno de las hormigas de Escher o fascinándonos (una vez más) con la imagen de la serpiente mágica y circular. Da igual, porque al final lo único que buscamos en ellos es el reflejo de lo que tenemos dentro. Y me gusta que un autor español me haya hecho sentir estas cosas. Y me gusta todavía más que haya sido a través del cómic, porque es un formato con el que nunca he estado familiarizada pero que, de repente, no para de sorprenderme.
Luka pd. La Luna puede ser un lugar maravilloso. Sólo tienes que dejarte llevar.
(Autorretrato sin retoques, de Francesca Woodman) Exposición en La Fábrica Galería, Madrid.
Me gusta como juegan su blanco y su negro, y el primer puesto incuestionable que le otorga a la luz, esa gran bestia que entra por la ventana y hace duros los contrastes, y necesarios. Me gusta que se disfrace los brazos con ramas de árbol, y me gusta que se empapele y se crea parte de la pared que la escolta, como en el gesto más noble: ponerse a la altura de las otras cosas a las que solemos llamar cosas. Y qué íntimo es el formato cuadrado. (El suyo me ha recordado al de Man Ray.) Y toda la soledad y la decadencia que he visto me han recordado a Rimbaud, y me la he imaginado como la bailarina de la que él hablaba:
--------- ¿Es almea*?... en las primeras horas azules morirá como las flores marchitas delante de la espléndida plaza donde se escucha alentar la ciudad que crece floreciente.
Es bello un exceso, bello y necesario –para la Pescadora y el canto del corsario–, también porque cayeron máscaras terminales en las fiestas nocturnas sobre los mares puros. --------- [¿Es almea?... En las primeras horas azules] es un poema de Arthur Rimbaud. (Julio, 1872)
"¡He matado a un ciervo! ¡Maldita seaaa! ¡Yo adoraba a los ciervos!" (Alguien berreaba sobre su fatídico paso por la carretera del viejo Alvin –Una historia verdadera–)
Nos movemos, irremediablemente el paso del tiempo descubre todo, no es posible esconderse, inevitablemente matamos al ciervo. Teorizamos sobre la naturaleza cíclica de nuestra condición humana, no sin a veces envidiar la quietud de las piedras, esas malditas despreocupadas. Nos movemos irremediablemente. Conocemos que cada subida contiene la posibilidad de una caída, y seguimos moviéndonos, y subiendo, y cantando, sabiendo que la condición de todo viaje implica un regreso, pero aun así jugamos. Como dijo Cioran, si hubiera sido Arquitecto, hubiera construido un templo a la Ruina. Lo haría, sin duda lo haría.
En mi experiencia reciente leyendo un libro de Vila-Matas he aprendido a perseguir pájaros. Mira al cielo y persigue un pájaro hasta que dejes de verlo. Desea que vaya donde tú querrías ir en ese mismo instante, piensa hasta dónde o hasta quién quieres que llegue volando, y llegará. Ahora persigo pájaros, y sé que llegan donde yo deseo que lleguen. ¿Existe mayor movimiento que ese?
De la misma manera que lo otro no era una pipa, esto sí parece un asesinato. Recuerdo estar en el MOMA (Nueva York, Marzo de 2006) mirando este cuadro y sentir mis pies anclados al suelo, sin poder quitar la vista de la escena. Incluso llegas a sentirte cómplice y quieres amenazar tu también. Me gustaba pensar que además de los hombres de los lados yo sabía lo que estaba a punto de pasar.
Siempre he pensado en la magia de estar tan íntimamente cerca de un lienzo que casi puedes sentir el momento en que ese artista estuvo una vez pintando sobre él. Su mano, hace muchísimos años, recorría la superficie que a punto estás tú ahora de tocar con tus ojos. De repente, y es sólo un instante, ha muerto el tiempo que os separa (a ti observando y a ese artista pintando). No pasa lo mismo con los libros, nunca vas a leer un manuscrito original de Borges a menos que esté en algún museo; leerás sus palabras pero en una edición ya muy lejana a la de su puño y letra o máquina de escribir. Los cuadros tienen la magia de hacerte creer que no existe el tiempo.
Si no fuera porque el libro fue publicado casi un siglo antes de que Magritte pintara este asesino amenazado, bien podría pensarse que se trata Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes de Thomas De Quincey, del que, a pesar de no haberlo leído, recuerdo la cita más famosa:
"Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente." (Thomas De Quincey,Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes)
Yo prefiero no leerlo. De momento creo que usaré mi imaginación y tal vez no utilice una caja de zapatos, estaría mejor algo más esférico (con forma de escafandra); aunque tal vez me conforme con una caja de galletas.
Lo decidí ayer mientras leía una gran verdad en un libro en el que al principio no había depositado demasiadas esperanzas; el autor decía: "(...) yo siempre he creído que si mi «yo» del pasado tomó esa decisión era porque creía en ella (tu yo del pasado eres tú mismo unos años, meses o días más joven). Respeta a tu yo anterior. (...) Solemos creer que erramos decisiones; es como si pensáramos que ahora somos más listos que antes, como si tu yo del pasado no hubiera valorado todos los pros y los contras". ¡Eso es! ¡Qué gran verdad! En ese momento me di cuenta de que vivía un momento presente maravilloso y que, el haber dicho "no" en un momento muy complicado de mi pasado, había sido en realidad decir "sí" a todos los "síes" de los que disfruto ahora. Simplemente me pareció maravilloso, y por eso he decidido que este momento presente se merece una cápsula del tiempo, como mínimo.
Al pensar en objetos que guardaría (objetos mágicos que signifiquen cosas para mí en este momento) me acordé de un momento épico: un día, hace ya casi dos años, en la playa que más me gusta de todo nuestro país, viví una experiencia casi mística. Me aparté un poco del grupo y cogí de repente una piedra que me llamó la atención sobre todas las demás (la playa es de piedritas pequeñas). En ese momento solitario pensé en alguien y en algo. A partir de ese día se abrió la veda. Empezó a tomar forma un pensamiento dentro de mí del que no sólo no me he librado sino que ha ido aumentando hasta el día de hoy. Y ahí me di cuenta de que hasta lo que pensamos es irreparable, cuando lo hemos pensado de alguna manera lo verbalizamos dentro de nosotros y ya no hay marcha atrás.
Tengo que buscar esa piedra, tal vez sea el primer objeto que tenga que meter en la cápsula. No sé si la encontraré porque en aquel momento pensé hasta regalársela a alguien especial, pero creo que al final no lo hice, como tantas otras cosas.
No puede ser tan bella, por dentro y por fuera, no me lo creo. Ella no lo sabe pero a veces hasta quien más daño te hace en realidad te puede estar brindando la oportunidad de tu vida: volver a nacer. Incluso lo que parece tan oscuro al final te impulsa siempre a la luz. Todo lo que no nos mata nos hace más fuertes. Te han soltado en el parque, no encuentras a la persona que te tenía agarrada de la mano, se ha esfumado, tal vez se ha caído de la noria (sí, seguramente se ha caído de la noria). Pero, de repente, ha parado de llover y ha salido el sol. Y te das cuenta de que estás sola por fin... ¡se te ilumina la cara en una sonrisa infinita! ¡todas las atracciones para ti! ¡estás sola! puedes jugar y puedes correr, ¡todo es maravilloso!
Mar, ¡recuerda nuestro parque de atracciones! (Qué menos que dedicarte esta Habitación de Hotel de Hopper...)
Hace tiempo que me siento subida a este carro, que no sé muy bien cómo llamarlo. Precisamente puede que ahí comience todo: en no llamarlo de ningún modo. (Últimamente me he dado cuenta de que a veces me hacen preguntas que no admiten un sí o un no como respuesta. Rehúyo de todo aquéllo que me hace nombrar las cosas, explicarlas con palabras hasta hacerlas perder todo su encanto anteriormente percibido. Prefiero vivirlo que contarlo…)
Desde que me siento subida en ese carro del que hablo me he ido encontrando con personas, libros, películas o sucesos (en cualquiera de las formas anteriores o en varias al mismo tiempo, a veces) que me han ido reafirmando en este nuevo estadio en el que siento que ha mutado mi persona. Llamémoslo ciclo de vida o lo que sea, pero ahí me encuentro. (no confundir con madurez, por dios, nada que ver) He comprobado en primera persona que cuando no se dice nada se dice mucho más que cuando se dice todo. Es la “comprensión intuitiva sin palabras” de la que habla Racionero en el final de este libro. Es el modo de experimentar el acercamiento a la verdad sin argumentos conceptuales, ni palabras que lo describan. Es sentirlo todo de manera visceral; es el amor, también, en todos sus niveles.
No es casual que aparezca varias veces en el libro el símbolo de la serpiente mordiéndose la cola, que ya se ha convertido para mí en un símbolo familiar y al que no dejo de sumarle significados, todos igual de válidos. Es la esencia de la percepción percibiéndose a sí misma. Es el estado de la mente concebida como energía (ni sólo instinto ni sólo razón): “…por medio de esta energía, la persona percibe conocimientos no verbales sumamente claros y precisos en forma de sentimientos y emociones. Así como las palabras comunican conceptos, las vibraciones comunican emociones. Un estado de ánimo es una frecuencia psicosomática, la onda en que está vibrando el cuerpo.” (Racionero, Filosofías del Underground).
Haz caso a Heráclito cuando dice que no puedes bañarte dos veces en el mismo río. Sólo así asimilarás el cambio en tu percepción interior (no hablo de la percepción de formas externas, hablo de lo que emana de ti, descontrolado). Aceptemos esas pulsiones que llegan desde dentro con fuerza. Admirémoslas y tratémoslas con respeto. Conducir esa energía y transformarla en acción no es fácil, pero nadie dijo que fuese fácil. De pequeños nos enseñaron a sentirnos culpables, es la gran trampa. Creo que ahí reside el cambio, en superar y reconducir esa energía que a través de la culpa termina generando sólo cosas negativas y llevarla hacia el fin del gozo eterno, en cualquiera de sus formas, pero siempre hacia lo positivo, hacia la creación o nacimiento de nuevos mundos. (Hesse lo llamó el Estigma de Caín).
Es cierto que cuando amamos o cuando odiamos estamos tan sólo percibiendo ecos de nuestra persona en personas ajenas. Cuando amo a alguien es porque de alguna manera veo en esa persona parte de mí, y esa parte de mí me gusta y al verla en otra persona me reafirmo y la amo. Al final todo es movido por la energía del amor. Muchos pensadores han comparado el amor con la fuerza gravitatoria que hace que los planetas se muevan. Me gusta esta metáfora cósmica porque, no nos vamos a engañar, el amor es nuestra particular fuerza de la gravedad, nos encanta caer en su tentación. Me quedo con esta frase de Racionero: “La ciencia actual se ocupa de la gravitación pero no del amor; explica la caída de una piedra pero no cómo se levanta una emoción en el ser humano.”
Este es un libro que reúne muchas de las cosas en las que pienso. Recorre un camino en el que te encuentras con Blake, Ginsberg, Byron, Hesse, mi querido Heráclito, el sufismo y su encantadora forma de ver la vida, algunas filosofías orientales, Castaneda, y muchas otras formas de abrir puertas. Algunos caminos los comparto menos, como el zen, los haikus… Pero de todo se aprende, y desde luego que este autor –al que no había tenido el placer de leer todavía– vomita frases geniales sin parar y te divierte a la vez que te hace estar atento a lo real. Bonita experiencia y lectura muy gratificante.
Pasó una tarde alegre, degustó todas sus páginas una a una y quería más. Finalmente cayó en la cuenta de que otra vez, otro libro era la causa: ¡aprovecha la sonrisa, o será ferozmente devorada de nuevo por la inconstancia! Dulce lectura y amargo paseo por este brillante conjunto de sopa de letras e ilustraciones inmundas. Todo un acierto y todo un triunfo del buen humor.
He empezado a escribir y las enes no eran enes ni ninguna de las letras eran las teclas que yo presionaba. ¿Has pensado que tal vez hay instantes en los que nadie en el mundo está pensando en ti en ese preciso momento? Es una forma de morir. Si nadie te piensa puede que estés muerto. Me preocupa la pérdida de las cosas, cuando hablas y sientes que esa persona no ha recibido “la cosa” que querías transmitir, sientes que se pierde, pero ni siquiera tienes ganas de repetirlo, era más valioso porque era efímero, y se lo puede llevar el viento, tranquilamente, y él no lo ha escuchado. Entonces es como si tu no hubieras dicho absolutamente nada. Es decir: el escenario de la caída de esas palabras es, efectivamente, el vacío.
Íbamos por un estrecho bordillo, alto. Un muro fino, si se quiere. De esos a los que subes cuando eres niño y empiezas a hacer equilibrios. Íbamos por uno de esos bordillos altos, pero el suelo quedaba lejos. Me dabas la mano –o te la daba yo a ti–. El camino era fácil de momento, hasta que el ancho del muro empezó a menguar. Pronto uno de los dos caería si el otro no sujetaba bien. Era una fuerza recíproca. No sentí tu mano hasta que tuve que agarrarme fuerte porque me caía. Me caía yo. Pero tome conciencia de tu mano y me agarré fuerte.
Probablemente, sin muro estrecho, sin peligro de caer, tu mano y la conciencia que ahora tengo de ella hubieran sido arrojadas sin más al vacío –el escenario perfecto del que todo lo tiene y todo le sobra–. (hubieran sido…)
-Luka-
(huele como...
empezar de nuevo desde el principio,
sentir todo eso que no existe aún.
Pero las cosas más bonitas son las que no tienen forma,
6-11-1972: mi padre compraba este librito por 30 pts. nada más. También, ahora que lo he leído, esto es parte del viaje y del encanto que rodea a este relato. Después, no pude resistir y tuve que ver la película que se hizo en 1960. Yo quiero tener un hijo/a y contarle este cuento por la noche antes de dormir. Sé que lo haré.
Hoy he soñado con casitas victorianas, inventos, palancas,...
La Madre Necesidad, el Palacio de Porcelana Verde, la dulce y sutil Weena del libro (demasiado habladora en la película), los morlocks y los eloi y su razón de ser... A favor de la película, la genialidad añadida de los anillos parlantes.
De pronto, escucharon un golpe seco sobre sus cabezas. Apareció una luz alrededor donde antes todo era oscuridad. Se encontraron boca arriba, cada uno mecido en su propia corteza marrón semicaparazónica.
Él, que decía venir de un planeta lejano, ahora estaba cerca. Decía también dominar el tiempo: había alterado todos los momentos y había creado un instante infinito del que no quería salir.
Ella, volvía de un sueño lúcido. Decía que no le permitían querer, por eso constantemente decía que soñaba que quería; había paseado alegremente sus otros yos por las múltiples dimensiones que tanto llamaban su atención.
El cascarón se había partido por su mitad más perfecta y ahora contemplaban el infinito hacia arriba…
¡el universo era una cáscara de nuez!
(Luka)
(Detalle de la portada del libro de Stephen Hawking)
Hoy es un buen día. Es la mejor noticia musical en mucho tiempo para mí. Quizás, junto a Smashing Pumpkins, sean los dos grupos que más me han marcado a lo largo de mi vida, los dos grupos de los que he sido más fan. A los de Corgan ya los vi en Zaragoza, en su momento de máximo explendor, y pensé que nunca vería a Skunk Anansie (porque sí, vi a Skin en un Festimad, pero no era lo mismo ni de lejos). Y de pronto aquí están, no sé cómo será ese nuevo trabajo, con todo lo que ha evolucionado la música desde que ellos fueron ellos, 10 años, casi nada... Los tres fueron discos de cabecera de mis 15 años (y 16, 17, ...) Todavía me emociono cuando los escucho. Y hoy me entero de que harán un concierto en Madrid en noviembre, perdón, pero ¡¡¡me salgo de mi cuerpo!!! ¡qué emoción!, ¡qué gran evento me espera! Por supuesto no he tardado nada en coger las entradas, porque seguro que vuelan!!
Inspirado en el cuento de Bioy Casares, La Invención de Morel. Gracias a SaraMutande, porque siendo dificil entenderse cuando la gente se conoce, cuando no conoces a la otra persona es más dificil todavía, En nuestro caso nunca nos hemos visto, pero ella lo ha hecho fácil y además con un resultado que responde muy bien al encargo que le hice. Y además, ahora tengo un cabecero de cama magnífico.
Faustine, Morel...
El narrador del que nunca sabremos el nombre, las rocas, el gramófono, los sueños, ...
····· La literatura cuando sigue curando heridas, y cerrando puertas y abriendo otras muchas cosas ·····
Fotografía del Laberinto de Borges,
en la Estancia Los Álamos (San Rafael, Mendoza. Argentina)
[La Paciente Impaciente] - A pesar de que intento moverme siempre dentro de los límites de lo sutil... ¡no se lo puede usted ni imaginar!, ¡a veces provoca en mí sentimientos mucho más salvajes y brutos de lo que parece a simple vista!
[La Doctora Elegancia] - Pero debe sobrevolar el laberinto... Cuando uno está abajo, al principio, rodeado de todos esos altos setos que constantemente dividen el camino... ¡todo parece tan complicado!
[La Paciente Impaciente] - Está usted en lo cierto. Hay días que todo parece tan lejano y difícil...
[La Doctora Elegancia] - Pero... ¡procure volar! Obsérvese a usted misma desde arriba. Poder recorrer esos serpenteantes caminos con esos enormes setos alrededor, el olor a hierba mojada y recién cortada... ¡qué placer! ¿Entiende? Tiene que ser paciente y disfrutar de la ruta...
[La Paciente Impaciente] - Supongo... Yo no doy un paso atrás, ¿sabe? Iré, dormiré, soñaré y despertaré, una y otra vez, hasta que todo termine. Porque sólo cuando todo termine, todo empezará.
[La Doctora Elegancia] - Así tiene que ser. Nos veremos en el camino.
(Luka)
pd. De los encuentros entre el deseo impaciente y la calma meditada pueden resultar ilusiones adecuadamente conservadas para su consumo en el largo plazo) ----
-------------------------------------------- Ceci n'est pas de la poubelle (Exposición colectiva de arte reciclado) acidmind-A.Fisico-AlbertoGarcía/AlbertoGlitter-Aska-Blanca-DanielMartin-e1000ink-Fran FB-germanM.-gmi2-JaraAithany-J.Selgas-jose.L.-klisdsab-Kristian-luka-nancy-pablo-Pakse-palomaM-Tebo- Organiza y gestiona: Gmi2
A partir del jueves, 14 de mayo de 2009 en: Outlet Stree & Peor Para el Sol C/ San Vicente Ferre, 6. Metro Tribunal (Madrid) --------------------------------------------
INAUGURACIÓN ESTE JUEVES, 14 DE MAYO de 19.00 a 22.00
"A man, a plan." (FASE II o mensaje interior) (Composición digital)
-------------------------------------------- Ceci n'est pas de la poubelle (Exposición colectiva de arte reciclado) acidmind-A.Fisico-AlbertoGarcía/AlbertoGlitter-Aska-Blanca-DanielMartin-e1000ink-Fran FB-germanM.-gmi2-JaraAithany-J.Selgas-jose.L.-klisdsab-Kristian-luka-nancy-pablo-Pakse-palomaM-Tebo- Organiza y gestiona: Gmi2
A partir del jueves, 14 de mayo de 2009 en: Outlet Stree & Peor Para el Sol C/ San Vicente Ferre, 6. Metro Tribunal (Madrid) --------------------------------------------
"A man, a plan" - FASE I (tela tensada sobre cajón de madera 24x39 cm)
-------------------------------------------- Ceci n'est pas de la poubelle (Exposición colectiva de arte reciclado) acidmind-A.Fisico-AlbertoGarcía/AlbertoGlitter-Aska-Blanca-DanielMartin-e1000ink-Fran FB-germanM.-gmi2-JaraAithany-J.Selgas-jose.L.-klisdsab-Kristian-luka-nancy-pablo-Pakse-palomaM-Tebo- Organiza y gestiona: Gmi2
A partir del jueves, 14 de mayo de 2009 en: Outlet Stree & Peor Para el Sol C/ San Vicente Ferre, 6. Metro Tribunal (Madrid)
Confieso. Es la primera novela gráfica que leo siendo consciente de lo que leo. De pequeña leí cómics, tampoco muchos, pero en cualquier caso no era demasiado consciente y seguramente cayeron en mis manos de manera azarosa. Así que puedo decir que me estreno con “La Casta…”
La verdad es que la ciencia ficción es un género en el que me siento cómoda. Me gusta porque me empuja al encuentro con mis fantasías más ocultas, aquéllas de las que pocas veces hablo en público.
Además reconozco que el lenguaje que utiliza el cómic me deja con la boca abierta. Me gusta que me ofrezcan las cosas de manera sutil, casi pasando de puntillas por la trama, y dejándome elegir entre todos esos detalles…
Pero no me gusta clasificar mis libros, ni por géneros ni por nada, sólo por las sensaciones más o menos positivas que me produzcan. Y creo que éste es uno de esos libros que pondría en mi estantería de libros favoritos (tampoco hay demasiados en esta estantería, todavía, lo cual es adjetivarlo muy positivamente).
Tiene mucho de la lucha samurai, mucho de tragedia griega, mucho de psicoanálisis, mucha-muchísima mitología, y todo ello en entornos futuristas perfectamente combinados con escenarios medievales, por ejemplo. Una maravilla.
Las ilustraciones de Juan Giménez cuentan con mucho acierto el contexto galáctico y el extenso relato épico de la lucha de los metabarones. El amor es el plato fuerte del libro:
“El hombre que sólo vive en la parte poco profunda de su ser racional se siente como un plebeyo. Cuando se enamora de una estrella, descubre su alma, descubre un ser superior, y se casa con su alma, pues las historias que nos refieren la boda entre el pastor y la princesa corresponden a una aspiración profunda del psiquismo humano” (dirá Alejandro Jodorowsky sobre el peso del amor en “La Casta…”)
Y comparto esa visión del amor. Lo entiendo como el encuentro entre dos seres que de alguna manera ya tenían un vínculo anterior y se reúnen de nuevo por suerte del sincronismo mundial o la suma de todas las magias para conformar un ser mucho más poderoso que los convierte en indestructibles. Y es que la magia de la vida es el encuentro, siempre lo pensaré.
Además está la Epifita. El origen de todas las luchas. La sustancia más cotizada del universo puesto que elimina la gravedad de los cuerpos físicos que entran en contacto con ella, y eso hace poderosos a todos aquéllos que la poseen. Pero no contaré más.
Me parece un libro imprescindible.
Por cierto, si fuese alguna de las mujeres de la casta sin duda sería Oda, la bisabuela.
Borró todos sus recuerdos de derrotas, y ahora estaba aquí. Aquí y ahora.
era el tiempo ganado del niño que solía pensar que perdía, siempre a la sombra de la sombra, era el nuevo nacimiento, era mejor incluso que su nacimiento real,
nada como la satisfacción de ver su sonrisa triunfante, de aquel que se creía perdedor y gana de repente
era el tiempo ganado…
(Luka)
Fotografía tomada en el salón de casa de mis padres (el placer de mirar las máscaras es un gusto heredado…) ·
Había recorrido los jardines, imaginado los aposentos, incluso se había mirado en el espejo del tocador que creía encontraría al entrar en la casa… Pero la Señorita Inocencia no llegó a ver nada de todo esto. Asegura que no pasó del vestíbulo… (Luka)
Don Desengaño entró de manera intrépida en la casa y se folló sin piedad a la Señorita Ilusión, que descansaba plácidamente entre montañas de libros. (Luka)
Jacquie Kennedy, de la serie fotográfica "Royal Blood", de Erwin Olaf.
10/04/09
Pensabas que habías dejado plantas sin regar… pero vuelves la mirada y se han convertido en árboles. (Luka)
Me fascina encontrarme con un autor que se obsesiona. Cuando además el objeto de la obsesión son elementos puramente cotidianos que nos acompañan con aparente pasividad, me fascina todavía más. Ballard los rescata de ese plano lejano (de puro próximo), los saca de la realidad de los días y los eleva al plano de lo mágico, de la obsesión perseguida. Un día soñé con una piscina vacía, desperté y creé mi propia metáfora de aquel sueño. Tenía una infinidad de significados aquello de lanzarse a una piscina vacía, me lo creía, me gustaba, me obsesioné. Leyendo este libro descubro que las piscinas vacías son otra de las obsesiones de Ballard. Para él son una especie de motor eugenésico para la creación de otros “yos” cohabitantes de otros espacio-tiempos; una posibilidad abierta en forma de puerta a otras dimensiones (creo recordar que Rodrigo Fresán también mencionaba algo sobre el terrorismo multidimensional de las piscinas, brillante…) A él o al protagonista les fascina Magritte (otra obsesión que comparto), los surrealistas y la manera en la que piensan el espacio y el tiempo. Y esa mención a la Persistencia de la Memoria de Dalí, para describir otro de sus paisajes fuera del tiempo, como se desvanecen esos relojes, es la imagen del libro, sin dudarlo. La inspiración sexual es una constante. Los coches y la velocidad, los astronautas y ese ansiado acceso a otra dimensión, la enfermedad de las ausencias temporales, el cuento alternativo de la cenicienta, todos ellos vías de escape a un mundo sin tiempo, donde no sirve de nada tener un reloj. La clínica para la cura de los ausentes, el bosque verde en contraste con las luces de neón, todos los moteles y toda la gracia apocalíptica con la que describe cada uno de estos parajes. Incluso el final, la familia que vive la felicidad teledirigida como una unidad de cuidados intensivos. Todos estos relatos ofrecen una visión inteligente de los futuros mundos que nos esperan, de los que seremos conscientes y de los que pasarán a nuestro lado sin apenas apreciarlos, como un letrero de neón viejo al que ya no le queda ninguna luz por ofrecer.
las piscinas vacías; las dislocaciones de tiempo y espacio de Magritte; todos los senderos que se bifurcan; asociar a cada persona con una canción; la satisfacción de comprobar que el río sonaba porque agua llevaba; los carteles de circo antiguo; las máscaras y lo que simbolizan los bailes de máscaras; un “NO” a tiempo; el olor de la piel de las personas a las que quieres; caer en la tentación; inventar la vida de las personas anónimas con las que me cruzo por la calle; las cajas oblongas; pensarme en otras dimensiones; sentir que elijo; descubrir a las personas poco a poco; lo gratificante que es escuchar música clásica desde la inocencia de los “no-entendidos”; el malibú con piña; que me sorprendan con pequeños detalles –cuanto más pequeños mejor–; llorar las penas hacia dentro; el encuentro con los libros; las marionetas; las máquinas de Pinball; la mezcla entre lo bello y lo siniestro; los sueños lúcidos y los sueños descontrolados; las tragedias griegas; los espejos; las puertas más que las ventanas; los abrazos; el olor a naftalina; de todos los sentidos el tacto; llorar de alegría; las tiendas de antigüedades; dormir con la ropa del chico con el que quiero dormir; los muñecos viejos y rotos; los relojes; la naturaleza cíclica de todas las cosas; la ilusión de la inmortalidad; la comida de mi madre; la música de mi padre; mi perro cuando se despierta; merendar; la dirección en la que fluyen los ríos; la ficción cuando supera la realidad; el carrusel como fetiche de la infancia; las películas de la mafia; los comienzos de las canciones de jazz; la soledad elegida; la risa compartida; las asimetrías; los búhos y las serpientes; los tiovivos; las cicatrices; la crueldad de Palahniuk; las ruinas y el descaro con el que permanecen frente al paso del tiempo; los paraísos prohibidos; El Jardín de las Delicias de El Bosco; las islas de Bioy; los momentos mágicos; las personas mágicas; los cruces del azar; la turbación y la calma de los cuadros de Hopper; la languidez de Modigliani y el exceso de Botero; la anarquía de los dadaístas; los trazos de Schiele; Jung mucho más que Freud; los trenes; la tormenta interior cada vez que leo a Hesse; las gárgolas; la hiperrealidad de Lorca Dicorcia; los laberintos; los insectos prisioneros en ámbar de Vonnegut; el efecto mariposa; los mundos paralelos; la pureza de los sioux; el misterio de las paradojas; los viajes en el tiempo; los lugares abandonados; las flores del mal; que los caminos paralelos se crucen; las puntillas y los encajes; las ilusiones infinitas de Escher; pensar lo que les diré a mis hijos; decir a los demás lo que me hacen sentir…
Me gusta cuando los deseos invaden a los motivos; cuando las ganas son tan grandes que no necesitan razones…
Ayer, sobre las 21:00h., entré en un vagón del metro, abarrotado de gente, y me coloqué (sin quererlo) en medio de dos chicas que pararon un momento de hablar pero enseguida siguieron:
- Oye, pues tenemos que llamar a Julia - Sí, es verdad, además me comentó que le apetecía lo de comer en un japo, así que la próxima vez que quedemos le avisamos.
Sinceramente, me entraron ganas de decirles: "hola, qué casualidad, me llamo Julia y en diez minutos he quedado con una amiga para cenar en un japo". Parecía que de alguna manera mi aparición en medio de ellas dos les sugirió inconscientemente el nombre de Julia; y tal vez de alguna manera les transmití que tenía hambre y que estaba a punto de pegarme una comilona japonesa, y tal vez eso de alguna forma les llevó a mencionar que Julia (su Julia) tenía ganas de comer en un japo. Vaya, vaya. Apunto en mi libreta de momentos sincrónicos.
Y bien, imágenes que sugieren palabras, palabras que niegan la imagen de esta pipa. Claro que el dibujo no es una pipa real, es un dibujo. Claro que la frase que dice "esto no es una pipa" no es una pipa, porque es una frase.
He pensado en la belleza de las palabras que representan cosas nada bellas; ¿qué me dices de violencia? Es una palabra tan armoniosa sonoramente hablando que cuesta creer que lo que representa es algo malo... ¿y hostilidad? preciosa también, sin embargo pocas veces soportamos la hostilidad...
Qué bonitos encuentros, Foucault escribe un ensayo llamado "Esto no es una pipa" que habla sobre cómo se distancian las palabras de las imágenes que representan... Ayer el elemento pipa llegó a mí (qué más da cómo...) y hoy vuelve a mí, encontrando este cuadro que la representa negando a la vez su existencia... Apunto en mi libreta de momentos sincrónicos.
Douglas Adams ha creado un libro de lujo a la carta. Le ha salido una historia redonda. Tranquilamente puedo decir que este primer tomo de su «trilogía en cinco partes» ya es uno de mis libros favoritos, de esos a los que no puedes evitar volver una y otra vez. Y es que es mucho más que ciencia ficción. El libro esconde casi detrás de cada personaje y situación argumentos realmente inteligentes.
Me fascina el Pez Babel y su manera de justificar la no-existencia de Dios; el recital de poesía de los Vogones y las cuatro muertes súbitas que provoca; el relato de la preocupación existencial que sufre un tiesto de petunias apunto de caer al suelo; la profunda tristeza que envuelve al pobre Marvin, el robot maniaco-depresivo, a lo largo de todo el libro; el orgullo con que Slartibartfast cuenta cómo diseñó los perfectos bordes de los fiordos Noruegos (y cómo inclusó ganó un premio por ello… pero ¡qué genialidad!); la frase de Arthur que se cuela por un agujero en el continuo espacio-tiempo y llega hasta otra dimensión en la que “se carga” a una especie entera porque esas palabras resultan ser un gran insulto para ellos; En fin, me gusta pensar que vivo en un planeta que fue proyectado por Pensamiento Profundo (que admite hábilmente ser el segundo ordenador más inteligente del universo, después de la futura Tierra); Y me gusta pensar que la Tierra es muchas más cosas… Que fue un planeta encargado “a la carta” por los ratones, que son en realidad los amos del universo y los que experimentan con humanos en laboratorios; Que fue construído por los arquitectos de Magrathea (sede de la construcción de planetas de lujo a la carta). Aquí tengo que destacar la sutileza con la que Adams ha “dormido” a todos los habitantes de Magrathea: cuando Arthur conoce a Slartibartfast (el arquitecto que creó Noruega) éste le explica que Magrathea está en paro por la gran recesión económica galáctica. Ya nadie puede permitirse encargar planetas de lujo (casi casi como ahora) Finalmente fue un planeta que habitaron los humanos (sí, esos a quienes los delfines intentaron comunicarles la inminente destrucción de la Tierra y lo único que entendían los humanos era que querían jugar con la pelota y no paraban de tirársela), por lo que terminaron desistiendo y diciendo: “Hasta luego, y gracias por el pescado”
-Luka- (está maravillada y deseando cenar en El Restaurante del Fin del Mundo)
llegar a tus oídos, inventar para no morir, decir lo que quiero escuchar, no necesitar ver para creer, condicionar mis emociones, destruir lo negativo, aferrarse a una pared musical eugenésica
a veces una larga espera puede suponer un atajo al olvido. sin querer te dejas llevar por la corriente, dejas de agarrarte a lo que pisa tierra firme y decides dar el salto al vacío, a esa piscina vacía que tanto te atrae y no para de gustarte. y está lo de conformarte, pero eso queda como lo aburrido, no está hecho para tí. y te encanta lo que está arriba en la cima, cuanto más alto e inalcanzable mejor, la incertidumbre alimenta sin querer ese deseo irresoluto; la incertidumbre, es verdad, nos gusta, sin duda nos gusta más el viaje, el proceso… la consecución es algo estático, finito, los largos caminos escabrosos son en realidad los más placenteros, porque, al final, somos amigos de la auto-tortura, porque siempre la búsqueda parte de la insatisfacción, de la carencia, te encuentras con ese deseo invasor que todo lo cubre con su efecto-aceite, nos volvemos irracionales, salvajes, inmaduros, animales. nos volvemos nosotros mismos. a veces lo que para tí ha sido un tiempo necesario podrá parecerle a otro una eternidad y esa larga espera puede suponer un atajo al olvido, a veces subir despacio para poder contemplar la perfección de la cima durante más tiempo supone la caída de nuevo, del deseo al olvido hay un paso porque ambos son instintos, ambas sensaciones incontrolables, tan pronto vienen, tan pronto se van… y sólo alcanzo a escuchar ruidos de máquinas y engranajes, a veces es más confuso el silencio que el propio ruido, no consigo escuchar tu voz, pero creo en ella y eso es suficiente ahora.
siempre pensé en el pánico del burrito de Buridán, que ante su incapacidad para decidir al final termina muriéndose de hambre porque no es capaz de elegir entre dos montoncitos de comida iguales. me alegro por mí, porque yo sí elegí.
Per Aspera Ad Astra Una vez leí un libro decisivo que, entre otras muchas cosas, me enseñó esta máxima. Una antigua leyenda en latín que viene a decir: "a través de las dificultades hasta las estrellas". Se pensaría en Roma y llegó a mí a través de Vonnegut y sus Sirenas de Titán. No me gusta abusar de las locuciones latinas {aunque dicho sea de paso, prefiero el Memento Mori al Carpe Diem, será que por instinto tengo más presente que voy a morir que el hecho de tener que aprovechar cada día como si fuera el último} Bien, vayamos pues hacia las estrellas. Supongo que veré la luz, porque haberla haila (que diría el dicho gallego...) Los recuerdos vienen en forma de fiebres nocturnas. Solitarias. Dolorosas. Es extraño cómo a veces sólo nos sentimos protagonistas en los malos momentos. De repente dices: ¡coño! ¡si soy el actor principal en esta historia!... Y no sabes si serás capaz de asumir ese miedo escénico, estás deseando que baje el telón para decir: "bien, creo que lo hice bien". Y no precisamente porque necesite el aplauso del público... (entre el público hay personas maravillosas y, ésas, sé que aplaudirán seguro). Pero te esperaré a tí, en el camerino, para que si quieres algún día me des tu aprobación. Compañero de reparto y protagonista también. Ahora todo es negro.
(en una pequeña confesión diré que es curioso cómo siempre empiezo en tercera persona y termino escribiendo en primera; es curioso eso de ir hacia dentro hasta en el camino de las palabras...)
Jung lo llamaba el arquetipo de la Sombra. Muchos de los grandes han jugado con él y lo han utilizado como recurso; desde El Otro de Borges hasta El Club de la lucha de Palahniuk y David Fincher; pasando por la brillante Demian de Hesse; Oscar Wilde y su retrato de Dorian; Robert Louis Stevenson con Jekyll y Hide; el William Wilson de Poe, Mary Shelley... También otros muchos en mi lista de futuribles como, Guy de Maupassant, E.T.A. Hoffman con sus Elixires del Diablo, Nathaniel Hawthorne, Mark Twain, Sheridan Le Fanu, y un largo etcétera de autores que han recurrido a esta palabreja alemana para lograr finales sublimes y fantasmagóricos. Descomponiendo tenemos doppel (doble) y gänger que signfica "andante"... Hoy me he acordado de mí. Tal vez me estaba olvidando, pero he vuelto a tomar conciencia, ahora me tengo bien sujeta y no pienso perderme de vista. Como una sombra dentro de una sombra dentro de una sombra (diría Fresán en sus Vidas de Santos...) Igual.
He necesitado los sueños para darme cuenta, para huir, para reir, para hacer lo quería hacer. Y todo, extrañamente, sucede antes allí que aquí. No siempre fuera de control. A veces conduzco yo.
De manera inexplicable allí se abren puertas y yo cierro otras muchas, con tanta facilidad... Todo en tonos hiperrealistas: a veces, cuando duermo, hasta el personaje más irrelevante que aparece, se muestra perfectamente detallado, como si conscientemente yo quisiera que vistiese de negro (o de azul). Sueños en los que estás soñando que recuerdas cosas de otro sueño, de otro día, sueños dentro de sueños, como realidades paralelas que se entremezclan y tu quieres aglutinar a tu antojo pero eres incapaz. Quiero ir contigo, allí, y decirte, y hacer… Todo lo consigo.
De alguna manera todo lo que está allí cada noche sé que permanecerá en mi vida despierta para siempre.
El origen de todo es que algo está cambiando. Primero cambió en mi “yo” inconsciente; y, ahora, irremediablemente avanzo, avanzo hasta afrontarlo como destino.
Hubo épocas malas, en las que incluso temía el momento de irme a dormir, pues las revelaciones eran demasiado violentas, eran auténticas sacudidas desde el subconsciente, eran despertares forzosos, eran pesadillas que bruscamente me hacían saltar de la cama para no querer volverme a dormir. Los sueños me decían demasiadas cosas que, aunque de alguna manera sabía, –porque están en mí– no era capaz de aceptarlas como reales.
No creo que el tener sueños lúcidos sea algo singular o que sólo puedan experimentar ciertas personas. Creo que todo está allí, al alcance de todos. El resto, el abrir los ojos, depende de ti.
Olía que algo iba a cambiar en mí, por eso empecé a estar inconscientemente más receptiva. Atraía este tipo de experiencias, a la vez que en mi vida real también me sucedían cosas mágicas. Todavía estoy en ese despertar, todavía estoy rompiendo el cascarón. Además de los sueños, están los libros, las personas-luciérnaga, los momentos sincrónicos, … todo sucede por alguna razón, y es allí hacia donde nos dirigimos.
Cuando ayer ví Waking Life me pasó algo que nunca me había sucedido antes. Esa película hablaba de los sueños lúcidos, de revelaciones, de mundos paralelos, del subconsciente, de la muerte, del no poder salir de un sueño, de los onironautas, de los libros, de cómo "a veces dos personas encontrándose en el camino, en vez de pasar de largo y perderse en la lejanía deciden aceptar lo que llaman la “confrontación entre almas” y deciden liberar juntos los valientes y temerarios dioses que todos llevamos dentro".
Puede ser que esta película, en este momento, se presente también como una señal. Es del 2001, pero, por alguna razón, yo la ví ayer, año 2009… Todo sucede por algo.
"La búsqueda consiste en ser liberado de lo negativo que es realmente nuestra propia voluntad de ir hacia la nada. Y una vez hemos dicho “sí” al instante, la afirmación es contagiosa. Estalla una cadena de afirmaciones que no conoce límites. Decir “sí” a un instante, es decir “sí” a toda la existencia".
Es como la sensación de leer un libro y de repente encontrar un párrafo mágico que podrías haber escrito tú, porque eso está en tu cabeza, y no puedes evitar subrayarlo. Entonces se produce una unión, un entendimiento irracional entre lo que ven tus ojos y lo que sientes por dentro. Después de ver esta película me di cuenta de que la había subrayado entera. "No quiero paja. Quiero momentos humanos reales. Quiero verte y quiero que me veas".
Todas estas caras de alrededor me resultan familiares, desgastadas, no van a ningún sitio, no hay mañana Y la gente no para de correr en círculos, el mundo está realmente loco.
Esta fotografía la tomé en la vitrina de El Templo del Gato, hace exactamente 28 dias.6 horas.42 minutos.12 segundos. Y no pude evitar que me recordase a aquel conejo gigante llamado Frank, y no he podido guardarme estas palabras de amor a ese último track de la banda sonora (arriba, en cursiva). Yo sin embargo, seguía en el Universo Primario, deseando aparecer en un campo del golf.
Miraba el contador de tiempo de mi DVD y veía que tan solo faltaban 3 minutos para terminar el documental y no se había hablado del momento del asesinato. Sólo el final, escueto, cinco disparos. He aquí el motivo de mi primera alabanza. (Nos dan casi todas las piezas del puzzle, y cada uno reconstruye como quiere) Él no me resulta insolente, me parece un tipo muy educado, perfecto en las formas Él decía cosas como, que si el rollo ese del flower power había fracasado, había que animar de otra forma a los jóvenes... Él se sentía responsable porque tenía el poder de hacerlo De ahí el encierro en la cama con Yoko, en Amsterdam, en Montreal. (La metáfora perfecta, la extravagancia llevada a la máxima expresión) No me termina de convencer ella. Pero parece que encontraron el uno en el otro esa persona especial que te hace ser más tú que cuando estás solo -si esto fuera posible- Millones de personas cantando el give peace a chance frente a la Casa Blanca Emparanoiar a Nixon y a todo su séquito (acojonados porque se acababa de aprobar la enmienda para que votasen los jóvenes de 18 a 21 años; acojonados porque ese era el grueso poblacional que escuchaba las canciones de John...) Amaba Nueva York porque al final de los sesenta el centro del mundo musical se llamaba Nueva York, y él quería estar en el centro del mundo porque era parte de él. Sentirte perseguido, escuchado. Tener un hijo No querer pasar ni un minuto sin él, ni sin ella ("Si alguna vez me pasase algo a mí o a mi familia, no será un accidente")
Después yo seguía en mi sofá quería más música, más historia, y me teletransporté elegí Manchester, año 76, y me vi el primer concierto de los Sex Pistols Gracias a 24 Hours Party People puedo decir que "estuve allí" gran película, revisionada y doble emoción esta vez ese blue monday acústico en una solitaria noche dedicada a la música te cautiva me di cuenta de lo que he cambiado, de todo lo que ha cambiado desde la primera vez que escuché el gran blue monday
Mucho más cerca de lo profano que de lo sagrado, a pesar del título, Fresán te enreda en una escritura sarcástica sin control, sin orden en la forma ni en el fondo, sin más pauta que la intención de hacer asimilables extraños sucesos místicos en los que personajes terrenos se permiten ser protagonistas de las grandes historias bíblicas; El Cazador de Santos te llevará de un lado a otro del mundo y de un lado a otro del tiempo, donde Canciones Tristes puede ser cualquier otro lugar menos en el que te encuentras ahora mismo. El tiempo no existe, o si existe se lo salta a grandes zancadas, no importa que hayan pasado más de dos mil años, no importa porque tan solo es el calendario de Jesus Christ. Y que tras una conversación con “el escritor americano, muerto, que tenía apellido germano, que ostentaba el más indisciplinado de los bigotes y una casi obscena cantidad de pelo para su avanzada edad”, se vaya de paseo con el inmortal Conde Drácula (“que es en realidad Judas Iscariote”) y todo a ritmo de canciones de Reed, Cohen, Cash, terminas pensando en este libro como una suerte de cajón repleto de tesoros en forma de citas y/o menciones a los grandes referentes de nuestra historia, sin dejar de querer saber quién es la chica que se oculta tras el disfraz de Tortuga Ninja. Creo que ahí radica la sensación del buen sabor de boca que te deja Vidas de Santos. No te explica los porqués de casi ninguna de las cosas que suceden, pero al terminar te das cuenta de que no quieres saberlos en absoluto. Y sí, a mí el “más allá” también me recuerda a un centro comercial, sobre todo cuando las librerías se convierten en “los nuevos templos modernos” porque El código Da Vinci llena estanterías y vacía bolsillos en su puesto número uno del top de más vendidos. Gracias por tu magic pen, Rodrigo. -Luka-
Una pequeña novela de Edwin A. Abbott escrita en 1884 llega a mí en forma de metáfora perfecta. Una vez fui Cuadrado y tuve un sueño. Hablé con el Punto de Pointland, el emperador solipsista, iluso en su diminuto universo; viaje a la cuarta dimensión con el gran maestro que se presentó ante mí como Esfera. Tuve ansias de saber más. El universo plano se me quedaba pequeño. Intenté explicar al resto de Flatland que había sido Cubo, pero nadie me creyó. Me quedaba seguir soñando. (Porque me han dicho que ni siquiera los humanos conocen del todo su espacio ni su tiempo) -Luka-
Siempre Hesse llega a una parte de mí que muy pocos conocen y a la que, yo misma, temo acercarme a veces. Me recuerda (porque a menudo lo olvido) que la búsqueda tiene que ser hacia dentro. De repente desnuda partes de mí que creía desconocidas. Leer "Demian" fue como mirarme en el espejo definitivo. El resto me ayudaron a conocermme un poquito mejor. Cuando compré "El Juego de Abalorios", la persona que me atendió me comentó que era el mejor libro de Herman Hesse. Creo que sé porqué lo dijo: Desde el principio sabes que estás frente a una obra maestra. Una élite intelectual que existe por y para preservar la unión entre las artes, que vela por la sabiduría multidisciplinar y que juega a combinar todas las enseñanzas con la Música y las Matemáticas. Mentes brillantes viviendo al margen de la sociedad, con sus propias reglas y códigos. Es una obra sublime, que abarca todo el saber y la historia universal. Creo que eso es lo que le hace grande. (pero me sigo quedando con Demian)
Sin duda estás receptiva. Lees "Viajero por Azar", la historia de dos personas leyendo el mismo libro, en la misma cafetería, a la misma hora, se miran, se hablan. De alguna forma te hablan a tí. Existen personas mágicas. No hablo de amor, amistad, ni rollos. Es algo más. Son tus luciérnagas particulares, con las que guardas un secreto todopoderoso (nada puede con eso). Viajaba entonces, por azar, leyendo a Murakami, cuando algo me sobresaltó. ¡Aquel personaje me hablaba a mí! ¡Me ponía el consejo esperado en bandeja! ¡Me decía verdades como puños sobre mí que creía saber sólo yo! Me enseñó una norma que ya no podré olvidar jamás: "Si te encuentras con que debes elegir entre una cosa que tiene forma y otra que no la tiene, elige siempre la que no la tiene. Ésta es mi norma. Siempre que he chocado contra un muro la he seguido, y creo que a la larga me ha dado buenos resultados. Aunque haya sido duro el momento de aplicarla". Enmudecí. Ahora, sólo me falta el valor.