¡se rompió!

De pronto, escucharon un golpe seco sobre sus cabezas. Apareció una luz alrededor donde antes todo era oscuridad. Se encontraron boca arriba, cada uno mecido en su propia corteza marrón semicaparazónica.

Él, que decía venir de un planeta lejano, ahora estaba cerca. Decía también dominar el tiempo: había alterado todos los momentos y había creado un instante infinito del que no quería salir.

Ella, volvía de un sueño lúcido. Decía que no le permitían querer, por eso constantemente decía que soñaba que quería; había paseado alegremente sus otros yos por las múltiples dimensiones que tanto llamaban su atención.

El cascarón se había partido por su mitad más perfecta y ahora contemplaban el infinito hacia arriba…

¡el universo era una cáscara de nuez!



(Luka)


(Detalle de la portada del libro de Stephen Hawking)

2 comentarios:

Wlf dijo...

Varias veces me he preguntado, no por lo que es el universo y ni tan siquiera por cuál es su utilidad o razón de ser, sino por lo que hay más allá de él; una vez traspasada la frontera, esas preguntas prácticamante se responderían solas -por lo menos en gran parte-.

Lo excitante, entonces, por lo menos para mí, sería mirar lo que lo rodea y lo que le sustenta, para corroborar -como en los tiempos en que la tierra se consideraba plana- si al dejar atrás sus límites sólo queda un camino, hacia abajo y en picada.

Aunque tampoco dejaría de entusiasmarme la idea de voltear y descubrir que sí, que el universo es una cáscara de nuez; porque entonces tendría la oportunidad de maravillarme con la majestuosidad del árbol que le soporta y de los prados insospechados que le dieron vida.

Atxolot dijo...

:)