la nada cayó al vacío y se encontró con el absurdo


Diálogos con la nada
Escenario: el vacío
Razón: el absurdo


He empezado a escribir y las enes no eran enes ni ninguna de las letras eran las teclas que yo presionaba.
¿Has pensado que tal vez hay instantes en los que nadie en el mundo está pensando en ti en ese preciso momento? Es una forma de morir. Si nadie te piensa puede que estés muerto.
Me preocupa la pérdida de las cosas, cuando hablas y sientes que esa persona no ha recibido “la cosa” que querías transmitir, sientes que se pierde, pero ni siquiera tienes ganas de repetirlo, era más valioso porque era efímero, y se lo puede llevar el viento, tranquilamente, y él no lo ha escuchado. Entonces es como si tu no hubieras dicho absolutamente nada.
Es decir: el escenario de la caída de esas palabras es, efectivamente, el vacío.

Íbamos por un estrecho bordillo, alto. Un muro fino, si se quiere. De esos a los que subes cuando eres niño y empiezas a hacer equilibrios. Íbamos por uno de esos bordillos altos, pero el suelo quedaba lejos. Me dabas la mano –o te la daba yo a ti–. El camino era fácil de momento, hasta que el ancho del muro empezó a menguar. Pronto uno de los dos caería si el otro no sujetaba bien. Era una fuerza recíproca. No sentí tu mano hasta que tuve que agarrarme fuerte porque me caía. Me caía yo. Pero tome conciencia de tu mano y me agarré fuerte.

Probablemente, sin muro estrecho, sin peligro de caer, tu mano y la conciencia que ahora tengo de ella hubieran sido arrojadas sin más al vacío –el escenario perfecto del que todo lo tiene y todo le sobra–.
(hubieran sido…)

-Luka-

(huele como...
empezar de nuevo desde el principio,
sentir todo eso que no existe aún.
Pero las cosas más bonitas son las que no tienen forma,
alfarero.)

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