The Lady on the horse



The Lady on the Horse (Alfred Kubin)


Tú pensabas que la vida era otra cosa. Pero un día te despiertas y tienes las sensación de estar encima de un caballo negro. Todo, siempre, se contempla mejor desde el enfoque del jinete. Respiras en clave de duda cartesiana –qué hago aquí, pero sobre todo qué soy, qué es esto tan consciente que respira por sí mismo–. Y no me extrañaría ser un suspiro de algún meta-ser desconcido… Pero creo conocerme algo, o por lo menos creo que me reconozco en muchas ocasiones.

Un día escuché que somos muchas cosas, los libros que leemos, los amigos que cuidamos, las personas que te piensan, los colores que eliges para caminar, los olores que te retrotraen a tu yo pasado (y que nos conformamos con llamar nostalgia), etc.
De pronto te despiertas de verdad (antes sólo estabas semiconsciente) y descubres que no es un caballo real, sino el simple mecanismo rotatorio de un carrusel. Y ese caballo no tiene riendas, ¡qué va! tiene una barra condenadamente sólida que se eleva hasta lo más alto de ese falso cielo al que hemos llamado feria.

Y entonces piensas en la única solución posible.

El jinete es la única certeza de la existencia del mundo que lo rodea. Si él cierra los ojos, el mundo desaparece.

El jinete eres tú. Y estás solo.

Y eso es una patología, y se llama Solipsismo.




_luka, la Solipsista Sorprendida_

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1 comentario:

Helene Hanff dijo...

Me encanta que me hagas pensar acerca de estas cosas, amor. El cuadro, precioso.