Oda a mi Abuela

(mi yaya)

Hace mucho que pienso que tenerla es un privilegio. Es casi un regalo divino. Cada día siento con más fuerza nuestro vínculo, que la ha convertido ya en una de mis personas-luciérnaga, porque lee mis ojos y porque no sólo lee sino que entiende todo lo que ellos quieren decir.
In crescendo.
Todo lo que recibo de ella se convierte en fetiche. Cualquier cosa suya que me acompaña, me acompaña mucho más de la mera compañía de los objetos físicos.
Le digo que en aquella fotografía que tiene enmarcada en su cuarto parece una actriz de cine. La más guapa. Porque en aquella época las fotografiaban como a la Garbo y poco importaba que hubieran hecho películas o no.
In crescendo,
por su fuerza,
por todo lo que emana de ella cuando habla (pero tambien cuando ríe)
y por su gracia y por lo espontáneo de sus palabras,
y por la modernidad de sus gestos y por su saber estar,
por la clase que desprende,
y porque no para de hablar y parece inagotable.

Cuánto me gustaría parecerme a ella cuando sea mayor.

Hemos estado juntas viendo las fotos de sus viajes y esa maravillosa vuelta al mundo que hizo junto a mi abuelo. Qué felices y qué vida tan bonita. Yo lo quiero para mí. Me gusta ir a su casa y subirme a la estantería, y sacar un álbum detrás de otro y verla en Marruecos, en la India, en Australia con los koalas o sobrevolando el Gran Cañón del Colorado.

Es una de las pocas personas que conozco que afirma sin vergüenza que ha sido feliz y que no cambiaría nada de su vida. Eso es cuanto menos admirable además de convertirla en el ser más entrañable que habita a mi alrededor. Comparto con ella el optimismo exacerbado; pero también a ella, como a mí, nos atrapa esa sensación de noche; ese río que te desborda y sólo te produce angustia: el sentimiento de la pérdida, el arrebato que siempre llega de todo aquello que queremos.
In crescendo.


2 comentarios:

cristina dijo...

Una preciosidad mi niña. Ole.

cristina

Helene Hanff dijo...

¿se lo has enseñado a ella? no la conozco mucho, pero sabes que siento devoción por ella. Precioso, Juli.