Todo va muy rápido y a mí me gusta brindar despacio…

Veo a mi alrededor un clima generalizado como de haber terminado un enorme y pesado libro, casi con forma de bestseller, llamado 2010, y mucho entusiasmo, casi demasiado, por empezar este nuevo libro que nos trajo papá noél, hará casi ya dos semanas, llamado 2011. Veo prisas, propósitos amontonados, casi coleccionables, por lo visto muy dignos de ser nombrados (a gritos) en este espejo social que nos teledirige día a día llamado Facebook. Casi diría que veo un entusiasmo desmesurado por empezar este año que entra, por leer apresuradamente el primer capítulo a ver qué nos depara esta vez; pero no con la ilusión con la que se empieza una lectura en el salón de tu casa, tranquilamente y casi como un ritual solitario, como debe ser. No. Más con el estúpido entusiasmo de querer devorar con impaciencia el "libro del verano" como si septiembre llegase deprisa y necesitásemos leerlo con rapidez para tener algo de qué hablar en la oficina cuando terminan las vacaciones.

Cuanto más veo esto, más quiero que sean privadas mis emociones, íntimas, sólo con aquéllos a los que quiero seguir dándoles día a día mi pequeña porción de territorio interior, porque con el paso del tiempo se han vuelto personas imprescindibles y el sólo hecho de compartir con ellos mi trocito de tierra es una ilusión y una recompensa que vienen juntas, dos en uno.

Cuanto más crezco más cuenta me doy de lo finos que son los hilos que nos unen a los demás, de la facilidad con la que se quebrantan algunas cosas que creíamos sólidas y la importancia de saber relativizar todos los cambios que se producen en nuestro entorno, por muy fatales que parezcan en un primer momento. Siento la cosa del tiempo como un aumento del caudal del río: no hay piedra que no se mueva cuando el agua pasa fuerte. Sólo debemos considerar como un ente en sí mismo la fuerza con la que pasa la corriente, nada de lo que existe debajo de la superficie es inamovible.

Hay cosas que se quedarán en el camino y lo aceptaré. Me da pereza la gente que se aburre, que se lamenta cuando lo tiene todo, que no sabe pasárselo bien, que ignoran lo privilegiados que son. Odio ver lo mal que juegan las cartas que les han tocado. Me aburro de las conductas derrotistas, y un año más me doy cuenta de que van quedándose cerca de mí sólo aquéllos que tienen ganas de vivir y disfrutar, los esenciales, los imprescindibles, los mejores. Y que así sea.

He empezado el año retomando la lectura de Chabon, con Kavalier y Clay, que suena como la batería de Gene Krupa a ritmo de una gran masa negra de sombreros paseando por las calles de Nueva York, oliendo la fragancia de una nueva era cuando asoma. Pero aquélla, la de los años 40…

Creo que 2011 será bastante parecido a 2010, aunque esto lo diré bajito, que me perdonen todos los entusiastas del Facebook, no querría tirar por tierra ninguna de las esperanzas que han depositado en este nuevo libro que abren con tanta celeridad.

Mi lectura será pausada y mi alegría se guiará sólo por el paso de cada página, ni mucho menos con la esperanza de tener entre manos un buen libro, sino con la pequeña sonrisa que se nos queda cuando leemos una buena frase o un buen párrafo. El resto se verá. Todo lo demás me parecen tópicos que suenan a campanadas, cada vez más repetitivas.

Este es mi particular christmas para cada uno de vosotros, para mí los únicos, los elegidos.

Julia

3 comentarios:

Señorita Indiscreta dijo...

La adulta que nunca seré se regocija con este increíble post lleno de verdades como las de antaño, es decir como las que vamos a leer juntas en este 2011 que ya está aquí.

[Tina Trotsky] dijo...

Prefiero un amigo fiel que 250.000 lectores...

;)

Carmen Barrios dijo...

Es bonito eso de crecer, para eso leemos, para no dejar de hacerlo. Pero hay que leer atentamente, tal como dices Julia, para saborear cada sílaba, en cada segundo, para no dejar de aprender, de saborear. Hay que saborear hasta lo malo que nos sucede, porque de eso también se aprende. Este 2011 pasaremos las páginas y las degustaremos como si se tratara, en cada momento, del mejor de los manjares.