Día 2, 3, 4, 5... [30 días en Mysore]

Mysore, la cuna del Ashtanga 



A pesar de llevar sólo 3 días ya hay sonidos que resultan cotidianos. El hombre que pasa con las patatas y los plátanos, el del cilantro, el de los mangos, todos llamando a los vecinos para que bajen a comprar alimentos de su moto-cesta o bici-carro. Lo que me recuerda al afilador que pasaba debajo de casa cuando éramos pequeños. También de vez en cuando pasan vacas y el otro día me asomé a la ventana siguiendo la llamada de unos cencerros y vi pasar una familia de burros paseados por un señor y su familia. Si tomásemos el barrio por sí solo, las construcciones, las casas, salvo algún detalle, podríamos estar en cualquier otro país, podrían ser las casas de algún pueblo maltés, no hay una especial diferencia. 






Esta parte del Gokulam es de familias acomodadas, donde el tener aire acondicionado y ducha caliente no es extraño. Un gran porcentaje de negocios están dedicados al yoga o a la vida saludable –reiki, masajes, herbolarios, restaurantes y bares vegetarianos, productos orgánicos, etc–. Mysore en general y el Gokulam en particular están casi por completo dedicados al Yoga. Aquí, a dos calles de la mía, está la escuela de Sri K Pattabhi Jois, creador del Ashtanga Vinyasa. Es la rama más física del yoga y se ha puesto bastante de moda en occidente. Sus clases, bueno, más bien las de su nieto y las de su hija, acogen diariamente a unas 100 personas que llegan de todo el mundo para practicar esta disciplina.



En cambio, en mi curso de YD RYS 200 Hrs TTC en Yogadharsanam estoy yo sola. Es lo que llaman el “special schedule” de abril (horario especial). El mes de abril aquí en Mysore, y en general en el sur de India, es temporada baja, los colegios han terminado y hay vacaciones hasta junio. Esto me lo cuenta Xavi, un chico que he conocido de Pamplona. Los viajeros en general emprenden la ruta hacia el norte, empieza la temporada en los Himalayas. Así como en el mes de marzo mi escuela acogió al grupo de yogis de manera habitual –unos 10 practicantes–, en abril mantienen el curso pero más personalizado. Comparto clases con Shuttie, una chica india y con Hanch, de Vietnam, ellas están haciendo las 300horas, el segundo nivel del curso para ser instructor. También Xavi, el chico de Pamplona que se queda unos días más después de haber sido certificado a final de marzo. Está bien poder hablar en tu idioma con alguien, me alegro de haberle conocido. 

Mysore es la voz inglesa de Mahishūru en canarés, el idioma oficial del estado de Karnataka. Cuenta la leyenda que la ciudad estaba dominada por un asura un demonio en la mitología hindú, en este caso mitad hombre mitad búfalo– llamado Majishá. Se cree que la diosa Durga salvó a la ciudad derrotando al demonio-búfalo, por lo que es venerada en al menos uno de los templos de la ciudad (más información cuando los visite). Ahora, en todas las casas de Mysore se puede ver colgando de los balcones y ventanas la cabeza de Majishá. Mahisa y ūru sería la morada de Mahisa, de ahí el nombre de la ciudad.






Son las 8:30, ya he tomado la primera clase práctica a las 6:30 y he desayunado. Es prácticamente imposible y, por otro lado tampoco deseable, transcribir todo lo que escribo en el cuaderno de notas. Este blog está enfocado a poder servir de ayuda a los visitantes que vengan a practicar yoga en Mysore. 

Me gusta el barrio, hay muchos perros que alegran las calles, también muchas ardillas, me gusta muchísimo observarlas. El otro día conocí a God, el Golden Retriever que tiene la familia del doctor Subeesh K. No, no visité al doctor por tener un problema, resulta que Subeesh tiene un centro de medicina natural y ayurveda donde dan masajes llamado Swastha. El master de mi escuela me lo había recomendado y como era domingo y tenía el día libre decidí tomar un masaje ayurvédico. Tenía mucha curiosidad. 


La imagen es de 
www.mysorecityinfo.com


Bueno, pues como decía, en el jardín donde esperaba a ser atendida estaba God, el perro. Eran las 8 de la mañana y, además de mucha paz, plantas y olor a recién regado, entre los árboles asomaba un mini santuario dedicado a Ganesha, una de las principales deidades hindús, con cabeza de elefante y cuerpo de humano, arropado por flores y adornos amarillos y naranjas. De verdad creo que God, el perro, me sonrió antes de entrar.  

No tenía ni idea de lo que era un masaje ayurvédico. Entraba con esa ventaja, no saber nada. A partir de ese momento dos chicas jóvenes entraron conmigo a la sala, con luz muy tenue y en una camilla de madera (sí, era dura dura…) asistí a la experiencia de masaje más profesional que he tenido en toda mi vida. Mientras yo me cambiaba ellas dedicaban unas oraciones a Lord Ganesha antes de empezar su trabajo, en voz muy bajita mirando ahora hacia este otro santuario que presidía la habitación.

Tampoco es que me de masajes cada semana, pero el criterio me llega para saber cuándo estoy ante alguien muy profesional. En total 1 hora 45 minutos, a 4 manos y con los mantras sonando. Perfecto. Al final me metieron en una máquina de vapor (me entró la risa), una cámara que se cierra dejando tan sólo fuera mi cabeza, imaginaba cómo se me veía desde fuera y era realmente cómico. De esa manera el aceite que habían utilizado se resbala completamente y se desprende fácil para luego poder secarte con una toalla y no terminar aceitosa o manchando la ropa para volver a casa. El precio, 1.700 indian rupees que, al cambio son como 26 dólares. Es caro para ser Asia, puede ser. Desde luego tras haberlo experimentado me parece un precio más que razonable. Tomé un té, me despedí de God y volví a casa casi en estado de trance. 

No he comentado el vegetarianismo repentino –y desde luego nada premeditado– en el que me veo envuelta. Me explico. Se nos ofrecía la posibilidad de encargar comida y cena a una familia india que nos la traería directamente aquí arriba a la habitación. Mi compañera vietnamita dijo que sí, pero que ella era vegetariana. Yo me vi un poco en un dilema y pensé... "mmm bueno, yo no soy vegeta, pero oye, tampoco les voy a hacer cocinar diferente siendo tan sólo dos personas". Así que me lancé, más por comodidad que por convicción. Aquí están muy acostumbrados a cocinar para yogis, por lo que hacen comidas bastante digestivas y saludables. Como dicen, Be a Roman in Roma... Y, de momento, estoy encantada de ser romana. 

Me voy a permitir tirar un mito por la ventana: Mysore en abril no es tan caluroso como lo pintan. Tras leer blogs la mayoría sobre yogis dando consejos sobre la estancia a otros yogis, advierten del calor insoportable que hace hasta abril. Este mes de abril, no sé si he tenido suerte y está siendo una excepción, pero desde luego refresca por la noche, corre el aire y comparado con el calor de Maldivas esto no es nada. Me cuenta Anupama, una india que he conocido, que Mysore no es caluroso. Al final, tan sólo la información que experimentas por ti mismo es la que cuenta. Por eso, ni hace tanto calor ni hay tanto mosquito. O igual también he tenido suerte en esto de los mosquitos. Que así siga siendo. 

Seguiré transcribiendo algunas cosas, no con la periodicidad diaria deseable para un título de 30 días en Mysore. Esto nunca pretendió ser un diario, sí una ayuda a quien interese esta información y esta experiencia para estudiar Yoga en Mysore.


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